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Una de las complicaciones que tiene el viajar por África a lo que no estamos acostumbrados los que vivimos en el feliz mundo del espacio Shengen, es el tener que planificar nuestros movimientos en función de visados y sellos en fronteras. Cada país tiene su legislación y sus puntos de frontera en los cuales expiden, o no, visados. Es algo a tener muy en cuenta cuando uno planifica sus próximos pasos con el fin de no quebrantar ninguna ley migratoria y, en el mejor de los casos, evitar acabar abriendo la cartera para solucionar el despiste.

Nuestro visado mozambiqueño nos permite entrar en el país durante 3 meses pero sólo podemos permanecer un máximo de 30 días consecutivos. Esto significa que pese a tener derecho de estar 90 días, una vez al mes tenemos que salir del país aunque sea por unos minutos para poder renovar nuestra estancia. Maputo se encuentra a 1,5 horas de Esuatini (llamado Swazilandia hasta 2018) y 3 horas de Sudáfrica. Es la ciudad mozambiqueña en la que uno puede hacer más fácilmente un cruce de fronteras invirtiendo poco dinero y sobretodo, poco tiempo.

Hace unos días decidimos cruzar a Esuatini para renovar nuestra estancia en Mozambique y lo que debían haber sido unos minutos, se convirtieron en 12 días de viaje por 3 países distintos. Hoy es el turno de uno de ellos, Esuatini, un país ubicado entre Mozambique y Sudáfrica, que es tan pequeño como desconocido.

El país de las 2 caras

Esuatini es el segundo país más pequeño del África continental por detrás de Gambia y es la única monarquía absoluta de África. Los datos indican que es uno de los países con mayor desigualdad del continente (el 70% de la población vive con menos de un dólar al día), con una tasa de VIH entre sus habitantes de alrededor del 40% y con un altísimo desempleo.

Durante nuestra corta estancia en el páis nos sorprende la calidad de los vehículos de transporte público, nada que ver con las precarias “xapas” (furgonetas) de su vecino oriental. Las carreteras principales están un muy buen estado, pavimentadas y correctamente señalizadas.

Otro aspecto diferencial es que durante kilómetros observamos grandes plantaciones de caña de azúcar y maíz, todo bastante mecanizado, cosa que en Mozambique es prácticamente inexistente en muchas zonas fértiles del país. Esas enormes plantaciones pertenecen a la “Royal Swaziland Sugar Corporation”. No precisan de ningún cercado ya que cada pocos metros puede leerse algo como “Robar de la plantación Real está penado con prisión”. Investigamos sobre la corporación y resulta que su propietario mayoritario es la familia real, una de las familias más ricas del país.

Camiones suazilandeses esperando en la frontera Esuatini – Mozambique

Estos contrastes entre los datos y lo que se vemos desde las carreteras principales nos llaman la atención. Parece que desde la clase política se han hecho grandes esfuerzos por crear una fachada de progreso visible desde el circuito más turístico del país. Sin embargo, cuando pasamos por estaciones de transporte público en las que comparten espacio las furgonetas impolutas con autobuses destartalados, se puede observar como los datos cobran sentido, y la precariedad de un gran sector de la población es verosímil.

Descubriendo el país a través de su gente

En nuestros primeros días en el país, decidimos colaborar en una granja (Mabuda Farm) a cambio de alojamiento. Pasamos varios días recogiendo naranjas y tuvimos la oportunidad de hablar con gente local. Esuatini es el único país africano en el que sigue vigente una monarquía absoluta.

Desde hace unos pocos años ya podemos votar. Pero bueno, es el rey quien elige a gran parte del gobierno. Antes había varios partidos ilegalizados, ahora solo hay unos pocos. Lo importante es que ahora podemos votar. Eso está bien.

No son pocas las personas que nos encontramos en nuestro camino que criticaban, en mayor o menor medida, el sistema político del país.

El rey se ha llevado todo el dinero. El viernes pasado fue festivo nacional porque era su cumpleaños, ¿Qué te parece? Tuvimos que cerrar todas las tiendas y los niños no tuvieron escuela.

Hablamos sobre democracia con personas de la calle y son conscientes de que les queda mucho por recorrer. Sin embargo, los últimos movimientos del rey legalizando partidos históricamente prohibidos, convocando elecciones con representación de la oposición y la promulgación de una constitución, arrojan cierto optimismo al futuro del país.

Atardecer en Mabuda Farm (Esuatini)

Umhlanga

Mswati III lleva gobernando el país desde 1986. Muchas organizaciones han criticado sus políticas de control de la población y de ilegalización de partidos. Uno de los actos más criticados en los últimos años es la fiesta nacional llamada Umhlanga (Baile de los juncos), que se celebra a principios de año.

Los billetes de Lilangeni tiene la imagen del rey Mswati III

El Umhlanga es una ceremonia en la que miles de niñas y adolescentes vírgenes semidesnudas bailan delante del rey. Éste puede escoger a una de esas niñas para que sea su esposa y le construirá un palacio en alguna parte del país. La falta de oportunidades en el país sumado a una precaria escolarización, conlleva que esos miles de niñas vean el Umhlanga como la única salida de la pobreza.

Actualmente el rey Mswati III tiene 15 esposas. Dos de ellas huyeron del país y el rey interpuso una orden de búsqueda y captura para ambas. Siguen en el exilio y nunca han regresado con el rey.

Caminando entre animales

Más allá de lo político, Esuatini es un país muy rico en naturaleza. Cuenta con numerosos parques naturales en los que se protege fauna y flora.

En varios parques se han introducido especies de animales que se encontraban extinguidas en el país con el fin de potenciar el turismo y ayudar a la conservación de los recursos naturales. De este modo, se pueden encontrar desde impalas y zebras, a rinocerontes, guepardos y leones. Uno de los atractivos de Esuatini es el parque nacional Mlilwane, en el que se puede pasear a pie entre animales herbívoros.

Ezuatini es un país muy fácil para viajar como turista. Nos vamos con la sensación de haber necesitado más tiempo para conocer la parte menos desarrollada del país y tener opinión propia al respecto, habrá que volver. Nos vemos en la próxima, Ezuatini!

12 comentarios
  1. Casero
    Casero Dice:

    Nos dejáis con ganas de más! Mira si es desconocido que no me había enterado siquiera del cambio de nombre del país. A los que nos flipa cruzar fronteras, andando siempre, la chincheta en la mozambicano-swazilandesa es de las que vale su peso en oro. Pocas seguramente más remotas, por lo menos en lo folklórico de sus nombres.

    Me hubieran gustado más detalles de esos cruces de frontera, y también de esa doble velocidad en la que se mueve el país y las implicaciones que puede tener… pero tampoco hay que contarlo todo, que algo tendréis que guardar para las birras de la vuelta.

    Esperando con ansia más posts, más detalles de fronteras lejanas.

    Un abrazo, recuerdos a la familia y a seguir bien!

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    • Dani
      Dani Dice:

      Casero! Todavía estamos buscando la forma de hasta qué punto de detalle llegar para no aburrir a nuestros lectores, jeje. Relatos de nuestros cruces de frontera va a haber, quiero pensar que en unos meses pueda dedicar un post a esas tierras de apátridas (o pueblos de 2 naciones).

      Respecto a Esuatini y su doble velocidad, es un tema que también a nosotros nos hubiera podido ver más en detalle. En 2014, cuando crucé esa frontera por primera vez, tomé el bus «equivocado» y sí que hice parte del recorrido por las zonas humildes del país. Casas de chapa, vacas correteando delante de niños guiándolas con varas de madera y calles con un saneamiento de aguas inexistente denotaban esa realidad de la que hablan los datos. Esta vez nuestros pasos no nos llevaron por esas zonas, de ahí que me guarde opiniones sobre lo que no vi para las birras de la vuelta. 😉

      Un abrazo!

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    • Dani
      Dani Dice:

      Lo decidió el rey. Swazilandia era el nombre que le impusieron los británicos durante la época colonial y tras años refiriéndose al país internamente como Eswati (Esuati en español), decidió cambiar el nombre. Es un símbolo para romper con la época colonial, con un nombre propio. Otro tema es la cuestión de la falta de democracia en la decisión y el coste que supuso, estimado en 6 millones de euros. Una cifra demasiado elevada para un país con tan altos índices de pobreza.

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  2. Rosa
    Rosa Dice:

    Jamás había oído nombrar ese país. Gracias por darlo a conocer. Esta vez todo muy serio, no hay anécdotas, sería por la falta de tiempo.
    Me alegro de que unos jóvenes valoren el espacio Schenguen. La perspectiva que os dan vuestros viajes os permite apreciar logros de nuestra sociedad que mucha gente da por sentados.

    Responder
    • Dani
      Dani Dice:

      Gracias Rosa! La verdad es que desde su inicio Schenguen me ha parecido un privilegio para movernos libremente, aunque la otra cara de la moneda sea una frontera más difícilmente franqueable para los que quedan fuera.

      Celebro que pese a la falta de anécdotas te haya gustado la entrada! 🙂

      Responder

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