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Sierra Hermosa: reencuentro con la flor preciosa

En esta nueva visita al comienzo del otoño, el propósito fue conocer este pequeño edén surgido como respuesta para atenuar la crisis de extinción que atraviesan las abejas y demás polinizadores.

Héctor Esparza
Por Héctor Esparza

El jardín del médico José Javier Carlos Cabral se convirtió en un refugio para los polinizadores en una zona que está siendo devastada por la extracción y los molinos de mármol que dispersan finas nubes de polvo blanco sobre el suelo, sofocando a la vegetación de la sierra del Sarnoso al norte de Gómez Palacio.

Desde hace medio siglo el médico retirado, quien nació en 1940 en Jerez, Zacatecas, pero que desde joven vive en la Comarca Lagunera, procura el florecimiento de su predio en el fraccionamiento campestre llamado Sierra Hermosa, donde revolotean, según calcula, una centena de especies de mariposas, entre ellas dos protagonistas en el mundo de los polinizadores: la sorprendente migratoria Danaus plexippus, popularmente conocida como mariposa monarca, y la atigrada Papilio multicaudata o mariposa cometa, la más grande de las aladas.

“Es bellísima, durante muchos años no la vi, solo a un individuo hace como cuatro años, después desapareció por uno o dos años; en otra ocasión apareció una sola vez, pero ahora, durante las últimas cuatro o cinco semanas del otoño de 2020, la he visto. Papilio multicaudata es muy grande, más grande que la mariposa monarca, ojalá que la veamos. Su vuelo es majestuoso, pausado, planea bastante por el mismo peso; esa es la que me parece verdaderamente bella y rara. Afortunadamente hemos visto dos individuos diferentes porque uno tenía una herida en una de las alas posteriores, y la otra que vi, no la tenía; esto me habla que era más de un individuo y tal vez encuentre su planta hospedera aquí, como la ruda (Ruta graveolens)”, comentó José Javier al momento que señaló al aromático arbusto, entonces deshidratado por la canícula del verano pasado.

Al médico lo había entrevistado Efrén Mireles acerca de la producción de abono orgánico, para lo cual construyó una decena de piletas donde alberga a miles de lombrices cubiertas con un plástico negro. En esta nueva visita al comienzo del otoño, el propósito fue conocer este pequeño edén surgido como respuesta para atenuar la crisis de extinción que atraviesan las abejas y demás polinizadores.

“Tomé conciencia, como muchas personas, cuando se presentó la disminución de abejas. Hará unos quince años cuando comencé con el jardín, realmente surgió después de construir el pozo de captación de agua de lluvia; leí, estudié y pregunté sobre lo que debía hacer”.

Como los demás integrantes del grupo de amigos donde se suma Efrén Mireles, Javier Leiva y José Luis Cordero Ríos, entrevistados para Nomádica, Carlos Cabral se asesoró con el entomólogo Manuel Vázquez Navarro para conocer las plantas hospederas y alimentadoras de los insectos.

“Conseguimos semillas de las asclepias (hierbas perennes cuya florescencia provee néctar para las abejas y demás insectos, entre ellos la monarca), fuimos a buscar otras especies cerca en la región, encontramos una muy buena en el municipio de Peñón Banco; no hemos encontrado cuál especie de asclepia es, quién sabe si sea una nueva, pero hay infinidad que no conocemos”.

José Javier Carlos y Manuel Vázquez mantienen una hipótesis audaz respecto a la presencia de la monarca. Creen que en la comarca deben existir algunas colonias que no migraron, o que al menos su migración es regional entre refugios húmedos y tibios como las riveras de los ríos locales; lo suponen por los avistamientos que han tenido en temporadas distintas al otoño. Para confirmar la suposición el médico espera la colaboración de jóvenes investigadores que se interesen en el estudio de la monarca, amenazada al igual que las abejas, por el efecto de los productos agroquímicos.

Sierra Hermosa polveada

El valle en la cara poniente de la sierra del Sarnoso alberga a por lo menos una veintena de casas campestres, varias de éstas abandonadas; hay lotes baldíos donde la vegetación nativa intenta repoblar el paraje. José Javier afirma que en su jardín el polvo de los molinos de mármol no es profuso, aunque en los alrededores el impacto de esta actividad que cobró fuerza al comienzo de este siglo es evidente: en las alturas los yacimientos de mármol devastan la cresta de la sierra y a ras de suelo los molinos y las pedreras modifican el contexto convirtiéndolo en un páramo blanco debido al aprovechamiento del carbonato de calcio que se extrae, reminiscencia de las conchas y los esqueletos fosilizados de animales pretéritos.

La floresta de José, delimitada por una cerca de alambre, es un remanso de dos mil quinientos metros cuadrados para los insectos y los humanos. Los senderos adquieren el aroma de las plantas, como la lavanda (Lavandula officinalis) que al sacudirla se desprende de su dulce perfume. Plantó cítricos que son la dieta de las orugas, diseñó un terrario con arena que mantiene húmeda para que los insectos adquieran sales.

“Si caminas a través del cuadro te sientes como Mauricio Babilonia”, refiere el médico en relación al personaje de Cien años de soledad –la novela de Gabriel García Márquez- a quien lo secundaban mariposas amarillas sin duda de la familia pieridae. Oculto entre la maleza construyó también, al nivel del piso, un abrevadero para las aves.

Visita deseada

La estridencia de los zumbidos de los insectos, de los cantos de los pájaros, son una constante en el jardín de José, poblado por cactáceas, arbustos, yerbas aromáticas y árboles como el mezquite y los limones.

José nos mostró la placa alusiva a la condición de refugio de su jardín para la monarca, caminó entre las plantas distinguiendo a las hospederas de las alimentadoras, habló del gran cardenche donde colocó una silla de madera en la que descansaba antes de que se le aflojara una pata, recordó los abonos mensuales de 150 pesos que pagó para adquirir en los años setentas este terreno en el monte cuando una sombra lo distrajo. “¡Mírala, allí va!” Extendió su brazo derecho y señaló hacia la copa del que reconoce como árbol de capomo. Entre las flores blancas, contrastando con el azulísimo cielo de aquel medio día, apareció planeando la mariposa cometa. José se emocionó sin perderla de vista, retomó la descripción del lepidóptero que por su apariencia se le bautizó con el nahuatlismo xochiquetzal cuyo significado es “flor preciosa”.

Sus alas son amarillas con rayas atigradas negras y las alas traseras poseen marcas azules tornasolados. Su cola es como la de una golondrina con marcas anaranjadas que simulan ojos, una estrategia para confundir a sus depredadores.

“Es de mayor tamaño que otras mariposas relacionadas en su área de distribución. Las alas miden de 7.6 a 16.5 centímetros que la convierten en la de mayor tamaño en Norteamérica. Como en otros miembros de la familia, las hembras son más grandes y más coloridas que los machos, con más azul y naranja en las alas traseras” describe la página de internet Naturalista

Papilio también es una palabra genérica del náhuatl que significa papalote, o mariposa. Fue descrita por primera vez al final del siglo XIX y su distribución abarca desde el sur de Canadá hasta Guatemala, aunque los avistamientos en la Comarca Lagunera han sido escasos.

Xochiquetzal es una de las treinta especies identificadas por José y Manuel de las que han revoloteado por Sierra Hermosa, aunque “no llevamos ni la quinta parte de las que veo aquí, veo muchas especies de mariposas que nos faltan por contabilizar, yo creo que sí vamos a llegar a las cien especies”, asegura el médico retirado.

José Javier está feliz con el avistamiento. A su predio asiste todos los días, porque “siento que necesito venir, estoy muy tranquilo, muy contento, no siento problemas y los problemas que traigo no se me resuelven, pero los manejo mejor estando aquí”, comparte.

Entre las metas que persigue, la de ofrecer alimento a los polinizadores, parece que la está alcanzando. Con el paso de los años ha visto mayor presencia de las abejas, aunque algunas las percibe desorientadas, efecto de los venenos agrícolas; aun así, no claudica en su propósito de mantener viva a la floresta, convirtiéndola en un festín para los insectos que, en otro ámbito, serían exterminados.

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