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Lobo Gris Mexicano, la lucha por la sobrevivencia

El Museo del Desierto alberga a 50 especies diferentes de animales que suman más de 500 ejemplares, la labor del departamento de fauna, integrado por ocho especialistas, es de todos los días.

Fuente: Museo del Desierto de Saltillo.
Por Héctor Esparza

En el Museo del Desierto (MUDE) de Saltillo, Coahuila, nacen en cautiverio cachorros de lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi); con ellos, más otros ejemplares reproducidos en diversos lugares de México y Estados Unidos, la especie dejó de considerarse extinta de la vida silvestre, pero el riesgo de perderla aún es latente.

El lobo gris mexicano fue arrasado por los ganaderos de Estados Unidos y México desde finales del siglo XIX y comienzos del XX con el pretexto de ser voraces depredadores de los rebaños domésticos; se emprendió una campaña “exitosa” usando cebos impregnados con venenos de tal forma que para 1970 se declaró extinto.

Ante la catástrofe “tanto Estados Unidos como México decidieron extraer del medio silvestre los últimos individuos encontrados en los estados de Durango y Chihuahua, para comenzar un programa intensivo de reproducción en cautiverio y recuperar al menos una población silvestre para alojarla en una zona protegida en su área de distribución natural”, registra el informe del Programa de acción para la conservación de la especie elaborado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales del gobierno federal mexicano.

Para cumplir el objetivo de recuperar a las poblaciones, la parte norteamericana contrató en 1971, irónicamente, a Roy McBride, “famoso trampero que participó en las campañas de erradicación, con la finalidad de atrapar ejemplares vivos”, asienta el mismo informe. El cazador capturó en Durango a cinco ejemplares que se aprovecharon como pie de cría; a la primera descendencia nacida en cautiverio se le conoce con el nombre del exterminador, “linaje McBride”…

Museo viviente

El MUDE no contemplaba en su oferta una colección viva, solo tenía patrimonio cultural y paleontológico; después surgió la posibilidad de incluir ejemplares de la región que hubiesen habitado o que sean habitantes del desierto, como el perrito de la pradera, el oso negro, el bisonte y el lobo mexicano.

Cuando surgió el interés de albergar al lobo en las instalaciones de la institución, tuvieron que acatarse las disposiciones del programa binacional de preservación integrado por México y Estados Unidos, las cuales resultaron complicadas de cumplir; pedían demasiados requisitos, hubo un momento en que el museo quería desistir, aunque se asesoraron con las personas adecuadas y culminaron el primer albergue en 2009.

Crear la infraestructura óptima fue el mayor de los retos; se dispuso al comienzo de una superficie de dos mil metros cuadrados con cobertura vegetal nativa y muros superiores a los dos metros y medio porque los lobos son muy hábiles brincando, así como cimientos profundos para evitar que escapen al cavar sus madrigueras. Hoy en día son dos áreas de las mismas dimensiones destinadas al lobo mexicano, en una de ellas se levantó una colina donde reposan los lobos adultos.

Una vez que estuvo listo el espacio se albergó a las primeras hembras. Se importaron desde Seattle, Washington.

La vigilancia del consejo binacional es constante, en todo momento cabe la posibilidad de que la custodia sea retirada en caso de incumplir algún requisito.

Reproducción exitosa con “El remplazo”

En 2014 le asignaron al museo la primera pareja reproductora, seis años después se concibieron cinco camadas con 24 cachorros. La más fecunda fue la de abril de 2020 cuando nacieron ocho, cuatro hembras y cuatro machos. En noviembre del 2021 subió un escalón en la Norma Oficial Mexicana, ahora se considera en peligro de extinción y no extinto de la naturaleza. Los esfuerzos de reintroducción y liberación a la vida libre están funcionando: en México habrá 30 individuos liberados, también se han registrado nacimientos en el campo.

Los ejemplares genéticamente más valiosos continúan en cautiverio para mantener la reproducción, la cual se puede considerar positiva, no así la reintroducción porque se han descubierto ejemplares muertos, ya sea por venenos, trampas o atropellados por los autos, lo que denota el desinterés de los ciudadanos por la preservación.

La presencia del lobo en la vida silvestre es crucial para recuperar el equilibrio de la naturaleza. Está comprobado que la erosión de suelos, la deforestación y el cambio del curso de los ríos ocurre ante la ausencia de depredadores que mantienen en equilibrio los hatos de mamíferos herbívoros. En el parque Yellowstone de Estados Unidos se corroboró lo anterior; el balance se obtuvo cuando los lobos recobraron su papel en el ciclo de la vida.

La reproducción en cautiverio obedece a la buena salud física y mental de los animales, a pesar de que están fuera de su hábitat y encerrados cuentan con la tranquilidad para aparearse y procrear.

El proceso de reproducción de los lobos en cautiverio comienza emparejando y supervisando a la pareja para evitar agresiones. Una vez que se acoplan hay que esperar.

Pese a esta atención Fernando Toledo González, responsable del área de fauna silvestre del MUDE acepta la existencia de alguna variable adversa, como ocurrió en el 2018 cuando “teníamos a la hembra, y el macho que le asignaron era precioso, nunca habíamos tenido un lobo gris mexicano tan bonito, estaba gigante, un pelaje rojizo increíble, pero desafortunadamente era un macho cuyos conteos de espermatozoides eran lo más pobre del mundo, no tuvo la posibilidad de reproducirse, era estéril; se intentó, se hizo un proceso de electro-eyaculación pero realmente estaban muy aletargados sus espermas”.

Aquel hermoso animal se tuvo que ir, y en su lugar le asignaron un ejemplar flacucho, de pelaje espinoso, que resultó ser un macho precoz, padre de dos camadas al que llamaron El remplazo.

Ocho a la vista

Se confirmó el apareamiento de aquella pareja cuando se percibió la robustez de la hembra y su conducta silvestre: comenzó a escarbar en diversas partes “porque estaba buscando hacer una madriguera; cada año cambia, aquel año tuvo como siete madrigueras”. La loba también perdió el pelo del vientre y las mamas se le inflamaron.

“De pronto –narra Toledo- desapareció por tres días; sabes que está en labor de parto. La conducta del macho también cambia, comienza a llevarle comida a la madriguera, porque la hembra solo sale para defecar y tomar agua”.

Cuando supusieron que los cachorros habían nacido no los buscaron, “es lo peor que puedes hacer, pero desde afuera estás observando con binoculares. La primera noticia del veterinario es que hubo cachorros, pero no sabíamos cuántos, y sabes que están en una madriguera pero de pronto ya no los escuchas y entras en pánico porque tampoco los ves, y te preguntas ¿qué habrá pasado? Pero los oyeron en otro lado, y es que la hembra los cambia. Si llueve los lleva a una madriguera más alta para que no se inunde. El proceso de nacimiento fue lento, de una paciencia brutal, todo mundo observando en las mañanas y en las tardes hasta que se fueron asomando uno a uno los lobeznos; primero aparecieron cuatro, pues son muy buenos pensé, pero el día que aparecieron ocho, ¡nombre, quiero una foto de los ocho!, y te emocionas, pero no tanto porque siempre habrá uno muy débil que posiblemente no vaya a sobrevivir, pero bueno, poco a poquito fueron subiendo de peso”.

Atención a distancia

Aunque reciben el cuidado del equipo humano para su alimentación, tratamientos médicos y para garantizar su reproducción, los expertos procuran estar lo más alejado de los lobos, incluso evitan tocarlos y al momento de alimentarlos emplean la estrategia conocida como Enriquecimiento ambiental: consiste en recrear en la media de lo posible las condiciones naturales del hábitat original, esto implica ocultar la comida en diferentes partes, la congelan o cuelgan, y los lunes cuando el museo está cerrado al público introducen especies vivas para que los lobos cacen. La responsable de hacerlo es la doctora Brenda Karina Lozano Chávez, quien cumple dos años en el MUDE.

La dieta que prepara Karina Lozano es rigurosa, no se les da pollo, ni carne de res ni de burro, “nada de lo que coma el humano, no queremos que se acostumbren a estos sabores para evitar que en estado silvestre bajen a las zonas urbanas. Se les alimenta con una fórmula especial que nos mandan y no tiene que ver con producciones humanas; se complementa con carne de conejo, de venado y de pecarí” que proporcionan cazadores que buscan solo el trofeo y la carne la entregan al museo.

Durante el embarazo la loba mostró una laceración en una de sus patas, la médico veterinaria originaria de Monterrey, Nuevo León, la atendió por medio de tecnología láser; fue una herida que se complicó cuando comenzó a rascarse, aliviarla con medicamento introducido pondría en riesgo a los cachorros. Se optó por el nuevo tratamiento que resultó efectivo; “haremos la publicación de ello”, acotó por su parte Toledo.

El Museo del Desierto alberga a 50 especies diferentes de animales que suman más de 500 ejemplares, la labor del departamento de fauna, integrado por ocho especialistas, es de todos los días.

En un año sin complicaciones el MUDE recibe en promedio 350 mil visitas, afortunadamente los lobos se mantendrán junto con las demás especies vivas como una muestra de la fauna del Desierto Chihuahuense.

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