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Crédito de la fotografía: Museo del Desierto

El legado de los nómadas

Autor:  Héctor Esparza

Una caminata hace siglos sobre el fango al margen de una de las diáfanas lagunas de lo que hoy conocemos como Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila, se petrificó y permaneció cubierta por la tierra hasta abril de este año, cuando se barrió la superficie y se reveló una pista con diecisiete improntas de humanos y de animales. El rastro se suma a un cúmulo de vestigios antropológicos con antigüedades superiores a los seiscientos años –cuando menos- y confirma la intensa actividad en el norte de América antes del arribo de los europeos.

Las señales dejadas por los nómadas en la vastedad del Desierto Chihuahuense, su territorio, son diversas y enigmáticas, como las pinturas y los grabados en las cuevas y rocas, como los bultos mortuorios y los ornamentos depositados junto a ellos.

Quedaron de herencia algunas colecciones resguardadas en museos públicos y privados, y piezas dispersas debido al tráfico ilícito; los nómadas también heredaron a la gente de nuestros días oriunda del desierto, estrategias de sobrevivencia y la habilidad para transformar plantas y animales en alimentos y utensilios.

Eran graciosos, fuertes, robustos y lampiños

La escena de las pisadas humanas inicia con un conjunto de tres oquedades poco definidas, al parecer hechas con los pies bajo el agua, deduce el director del Museo del Desierto en Saltillo (MUDE) y redescubridor del vestigio, Arturo González González; en seguida parten trece huellas de las cuales siete están en mejores condiciones para su estudio. Al término de esta caminata prehistórica se cruza una más pequeña, tal vez sea de mujer o de adolescente, especula; en esa área detectaron además rastros que indican la presencia de animales, todos aún sin estudiar.

El andar fue apresurado y firme, es la primera lectura de los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Museo del Desierto, ambos de Coahuila: la longitud en cada paso, que va de los 74 a los 80 centímetros, así lo revela. Se trató de una persona con una altura cercana al metro con setenta centímetros, esto lo presume la antropología física, ciencia que induce –entre otras muchas especificaciones- medidas a partir de las pisadas, que en este caso alcanzan los 27 centímetros de largo.

El hombre caminó rumbo al noroeste, hacia donde quedaron plasmadas las patas de probables aves. La pista descubierta mide quince metros de longitud, fue dejada sobre sedimento conocido como travertino, material que requiere de cientos, incluso miles de años para convertirse en piedra.

El personaje del rastro sobre el lodo de antaño ¿estaría cazando aves o pescando? También pudo estar en un momento de transición de un campamento a otro, ya que, a un kilómetro de distancia, frente a la caminata hecha piedra, existe una cueva con pintura rupestre ¿Por qué andaría a paso veloz sobre el fango?

Una de las certezas es su descalcez ¿Así sería en su vida cotidiana? Yuri de la Rosa, antropólogo del INAH Coahuila, forma parte del equipo que trabaja en el proyecto Cuatro Ciénegas, consistente en recabar información sobre los sitios arqueológicos alterados debido al saqueo o a fenómenos naturales; él plantea una de las hipótesis respecto al calzado: los guaraches tejidos con ixtle, una fibra obtenida de la lechuguilla o puya, “no fueron hechos para caminar, no tenían suela, es un material muy frágil, es como estropajo; pienso que su uso fue ritual para acompañar al muerto, y los guaraches se han encontrado en contextos mortuorios, siempre con los muertos”.

Es una certeza que las improntas humanas son antiguas, el travertino donde quedaron plasmadas tarda lo menos un milenio para convertirse en piedra. El INAH y el Museo del Desierto enviaron muestras sedimentarias a los laboratorios de las universidades de Cambridge y Berkeley, en Inglaterra, para obtener fechamientos aproximados.

Todos los que él vio andaban desnudos y no tenían habitación fija

Un aspecto interesante son las historias detrás del descubrimiento y una de ellas comenzó hace cuarenta y cinco años, platica el director del Museo del Desierto Arturo González: Al tiempo en que se pavimentaba la carretera de Cuatro Ciénegas a Torreón, un operador de una retroexcavadora removía material cuando observó algunas pisadas petrificadas; al dar aviso de esta revelación, su jefe lo acusó de buscar pretextos para holgazanear y le ordenó seguir con su tarea sin importar la destrucción del vestigio. Así, de esa cantera se obtuvieron caliche para el camino, y además travertino para edificar la iglesia y la escuela “Venustiano Carranza” de la ciudad de Cuatro Ciénegas. De haberse rescatado las huellas seguramente el nombre del trabajador sería ampliamente difundido.

El propio González González dice conocer otra versión, la del cronista de aquella comunidad, Carlos Rodríguez, quien afirmó tener en 1961, al parecer por un periodo breve, dos improntas en piedra sobre su escritorio hasta que uno de los responsables de la obra civil se las quedó.

Otro par, no se sabe si el mismo que conoció el señor Rodríguez, fue donado al Museo Regional de la Laguna, de la ciudad de Torreón: “allí las encuentro en las bodegas y al escribir los guiones museográficos para el Museo del Desierto las solicito para mostrarlas, lamentablemente se perdieron los registros de procedencia de las huellas” siguió González.

Arturo relató la versión del redescubrimiento: “Como siempre era la última jornada de la exploración, y al final de cinco días encontramos las huellas. El trabajo que venía haciendo era sistemático desde Cuatro Ciénegas hacia la poza La Becerra. Cada año, desde hace diez, íbamos revisando por áreas, y casi al llegar a la poza dimos con ese lugar en abril de 2006”.

Cuando detectaron un indicio Arturo González llamó a uno de los mejores rastreadores José López, conocido entre el personal del MUDE, como Pato, para que visualizara el resto de las pistas; en instantes lo hizo y de inmediato el escultor Héctor de la Paz, elaboró los moldes de cada pisada para el museo.

“Un proyecto incluyente, con un orden y donde sumemos nuestros conocimientos, para contar una buena historia” es lo que propone Arturo González. En tanto el INAH espera los resultados de los fechamientos, aunque Yuri de la Rosa adelantó: “sin importar si tienen cientos o miles de años, el instituto investigará el lugar, porque es relevante para complementar el estudio del hombre temprano en América”.

No hay indicios aún de que las pisadas de características similares exhibidas en el pabellón del pleistoceno en el MUDE de Saltillo, pertenezcan a la serie de Cuatro Ciénegas, pero sí de que ambos vestigios son de nómadas que vivieron en el norte árido.

Conoce la historia completa en la siguiente edición de Voces Nómadas

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Museo del Desierto

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