Crédito de la fotografía: 

El Ángel del Amor en Lerdo

Autor:  Voces Nómadas

NUESTROS MONUMENTOS FUNERARIOS

Por  Higinio Esparza Ramírez

Expuesta a la intemperie y a los estragos de la barbarie, las flechas, corazones y ruegos de los apasionados suspirantes aplicados en toda la superficie marmórea del conjunto con crayón, gis, lápiz y navajas, la habían manchado en un alto grado. Por lo tanto, la familia Franco Crabtre, propietaria de la estatua conocida como Ángel del Amor, decidió trasladarla al atrio de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús donde ya no sufre daños.

https://revistanomadica9032193.files.wordpress.com/2023/03/monumentos-historicos-acervo-cultural-foto-he.jpg

Graciela Álvarez Rodríguez, Héctor Raúl Avendaño y Héctor Alejandro Esparza Nieto, coincidieron al referirse al arte funerario, al patrimonio cultural y arquitectónico que aún se conserva –maltrecho y olvidado en algunos casos- en los panteones comarcanos, concretamente los de Gómez Palacio, Lerdo, Mapimí y Matamoros, y expresan su preocupación por la pérdida de los monumentos expuestos al desamparo, a la ruina y a una extinción inminente si no se toman medidas apropiadas para preservarlos.

    Los tres subrayan que se trata de una riqueza más artística que ostentosa legada desde la época del Virreinato, pasando por el Porfiriato y las más recientes: finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, en las cuales el culto a la muerte se manifestaba en obras de corte funerario dignas de los mejores museos de la actualidad.

https://revistanomadica9032193.files.wordpress.com/2023/03/lapida-abandonada-en-el-panteon-historico-de-mapimi.-foto-bob-schalkwijk.jpg

    En una de sus crónicas (difundida en El Siglo de Torreón), Avendaño aborda el tema relacionado con una copia de “La Piedad” de Miguel Ángel Buonarroti, elaborada con mármol de Carrara en Viareggio, Italia, la cual adornaba el mausoleo de la familia Cano Méndez en el panteón municipal de Gómez Palacio y que ahora se encuentra en la iglesia de la Medalla Milagrosa, en la colonia El Fresno, de Torreón, Coahuila, transferencia que el escritor gomezpalatino reprocha veladamente con un “Cosas Veredes Mío Cid”.

    Una información más a fondo propalada por el mismo Avendaño confirma que la familia Cano decidió retirarla del cementerio para protegerla del vandalismo y la donó a la hoy Basílica de Guadalupe, en la misma ciudad, pero el obispo en funciones José Guadalupe Torres Campos se negó a aceptarla argumentando que se dañaría el piso de la iglesia. Del mismo modo rechazó el ofrecimiento de los Cano Méndez para reparar por su propia cuenta los estropicios que pudiera causar el asentamiento de la escultura en el interior del templo católico.

    A causa de la cerrada negativa de Torres Campos, la familia finalmente decidió donarla a la iglesia de La Medalla Milagrosa, donde recibió cobijo y resguardo bajo techo.

    Un caso parecido en materia de rescate y salvaguarda de monumentos funerarios de fino tallado en piedra, ocurrió en  Ciudad Lerdo con el “Ángel del Amor”, una escultura sepulcral hecha de cantera y mármol en 1879 y reemplazante de San Antonio en aquello de hacer realidad los sueños imposibles de los enamorados, virtud que le ha valido el reconocimiento internacional.

    Expuesta a la intemperie y a los estragos de la barbarie, las flechas, corazones y ruegos de los apasionados suspirantes aplicados en toda la superficie marmórea del conjunto con crayón, gis, lápiz y navajas, la habían manchado en un alto grado. Por lo tanto, la familia Franco Crabtre, propietaria de la estatua, decidió trasladarla al atrio de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús donde ya no sufre daños y conserva su valía como monumento histórico y artístico.

    Advierte Avendaño que la perdurabilidad de los panteones y sus monumentos dignifica a los pueblos y se pronuncia por la limpieza, seguridad y forestación de los lugares santos y sus estatuas de bello diseño como una forma de respetar la memoria de nuestros ancestros.

   Esparza Nieto, por su parte, destaca que el panteón municipal de Mapimí “es una galería de arte funerario que vale la pena conservar, pues en cada lápida hay un capítulo de la historia de la Comarca Lagunera” y advierte: “Si no preservamos esa historia, en polvo nos convertiremos”.

   A su vez, Graciela conforta a las almas errantes desplazadas del añejo cementerio de Matamoros, Coahuila con una perla literaria que pincela el dolor generado por la pérdida terrena: “un mezquite lloroso que exhala los ecos del tiempo cuando las personas pasan hacia la eternidad…”.

    Loable, pues, es el trabajo de investigación periodística desarrollado con acierto y sensibilidad por los tres escritores laguneros preocupados por conservar y difundir la historia regional plasmada en los camposantos.

    Plaza Lagunera y Nomádica, son sus plataformas de observación y denuncia; al mismo tiempo invitan a cuidar las tradiciones mortuorias convertidas no sólo en arte y presencia espiritual y familiar; también por su calidad de archivos de mármol, cantera y mampostería que resguardan la crónica del pasado y dan lustre y vida a los  bienes materiales e inmateriales que  conforman un patrimonio de carácter universal.

https://revistanomadica9032193.files.wordpress.com/2023/03/monumentos-historicos-acervo-cultural-foto-he.jpg
Otras colaboraciones de Voces Nómadas
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram