acuífero de la laguna
Crédito de la fotografía: 

El acuífero de La Laguna, de los más estudiados

Autor:  Héctor Esparza

El acuífero principal de la Comarca Lagunera es el más estudiado de los que administra la Comisión Nacional del Agua (Conagua) debido, indudablemente, a la devastación sin freno ejercida sobre éste: en siete décadas el consumo de los diversos sectores económicos está agotando el reservorio que por decenas de millones de años se formó en el subsuelo de la zona conurbada.

    Uno de estos análisis demuestra el incremento del arsénico en la zona habitada, la fragmentación del acuífero que imposibilita el flujo de agua fresca, la mayor profundidad a la que se está extrayendo el recurso y, además, el tiempo de vida que le queda a nuestra fuente de agua potable.

    Anteriormente no se tenía información sobre el periodo en que tardaría en colapsarse. Se mencionaban cifras sobre el abatimiento anual, entre dos y tres metros, pero no se conocía el fondo. Ahora sí: La expectativa de vida útil del 66 por ciento de pozos de extracción cavados en la zona conurbada ronda entre los dos y cincuenta años. Los de mayor alcance podrían abastecer a las personas por 150 años, representan el 34 por ciento del total de fuentes destinadas al consumo humano.

    Y aunque existen posibilidades en áreas minúsculas del acuífero de encontrar agua a una profundidad de 437 metros, aquélla no es potable, concentra altos volúmenes de arsénico.

    Se continúa extrayendo más de lo que ingresa al acuífero, mil cien millones de metros cúbicos anuales contra 550 millones de metros cúbicos de recarga; este dato es una estimación debido a que resulta imposible supervisar los medidores volumétricos frente a la resistencia de quienes ostentan una concesión. No hay ley, indican al interior de la Conagua, que les respalde para obligar a los concesionarios de pozos a transparentar la información, ni tampoco para impedirles que incrementen las tierras de cultivo.

    Las medidas de remediación propuestas no han cuajado, y se esgrimen argumentos relacionados con el monto a invertir en tecnología de riego.

    Se calculan 15 mil millones de pesos de inversión para tecnificar el cien por ciento del campo agrícola lagunero –alrededor de 80 mil hectáreas- y con ello aprovechar al máximo el agua rodada para limitar la extracción del subsuelo, pero no se sabe de dónde se obtendría ese dinero. Se estima que tan solo el diez por ciento de la superficie agrícola se riega con algún tipo de tecnología.

    Al interior de la Comisión Nacional del Agua, los expertos afirman que la tecnificación es la alternativa más realista para equilibrar el acuífero.

En cuanto a las posibilidades de recarga, entre 1991 y 1992 se liberó un volumen de dos mil 700 millones de metros cúbicos, un poco menos de la capacidad total de la presa Lázaro Cárdenas, la más grande; el agua corrió por el lecho, transitó por dos de las vegas del Nazas -La Víbora y El Caracol- y elevó hasta diez metros el nivel de algunos pozos. Esa recarga duró dos años.

    “No existe un volumen de tres mil metros cúbicos para destinarlo cada año a la recuperación del acuífero”, coinciden funcionarios de Conagua, ya que el volumen total está concesionado para su uso agrícola y ahora con el proyecto de Agua Saludable, para el consumo humano, no así para la naturaleza. 

    Hay más conductas que desalientan el esfuerzo por equilibrar la reserva de agua potable: El número de concesiones de pozos profundos creció un 12 por ciento en diez años, pasando de 2,350 a 2,678. La concentración de estas fuentes continúa en pocas manos: empresas como Chilchota acumula 36 norias que se suman a las 14 concesionadas a la familia Herrera Ale, propietaria de esta empresa; la familia Tricio Haro, a la cual pertenece Eduardo, el presidente del Consejo de Administración de Lala, aglutina 54 aprovechamientos; y otras familias pertenecientes a las firmas lecheras imperantes (Lala y Bell) como López Negrete, Díaz de León y Berlanga, Padilla Gómez, suman más de 110 norias (Registro Público de Derechos de Agua de la Conagua).

    “Necesitamos reformar las leyes” piden al interior de la Conagua, para frenar el crecimiento de la frontera agrícola, cobrar por el agua –ya que de acuerdo a la ley vigente es gratuita para quien produce alimentos- y para tecnificar el campo.

En los cincuentas se promovió la extracción de agua del subsuelo. No ha cambiado el comportamiento, ya que el 84 por ciento del volumen total sigue destinándose a la agricultura, la que genera el diez por ciento del Producto Interno Bruto regional.

Vida útil del venero

Existe un estudio realizado por la empresa Ingeniería y Gestión Hídrica, se pagó con recursos federales. Se interpretaron 229 sondeos eléctricos y electromagnéticos verticales, es un método geofísico que permite delinear el perfil de los estratos; asimismo se aprovecharon 149 cortes litográficos y 80 cortes se utilizaron para determinar la profundidad del basamento hidrogeológico. Se consideraron registros desde 1990 al 2012.

    Se trata de metodologías indirectas, más baratas, que ayudan para la toma de decisiones y para saber qué está ocurriendo en el subsuelo.

    El recorrido que hacía el Nazas hasta 1887, antes de que se instalara la infraestructura hídrica en la región, aprovechaba la vega de La Víbora, avanzaba hacia el norte para desembocar en la laguna de Tlahualilo. Posteriormente, en 1908, al cavarse canales y levantarse bordos el cauce se modificó corriendo por la vega El Caracol, que surcaba del poniente al suroriente hasta sumarse a los afluentes del Aguanaval; ese tránsito permitía la recarga de los veneros que se aprovechan para dar de beber.

    Lo que impresiona es que, lo que la naturaleza tardó en formar por millones de años, el hombre lo devastó en 70 años.

    Durante el tiempo en que el río arrastró materiales, acumuló un relleno que en su parte más profunda alcanza 570 metros, se trata de material suelto, parcialmente consolidado, y se ubica en La Concha, hacia el norte de Torreón. El basamento hidrogeológico del acuífero es roca del periodo Jurásico de hace 200 millones de años.

    Una de las láminas del estudio muestra el perfil hidrogeológico de un área de 40 mil metros de longitud que corre desde Gómez Palacio hacia el noreste hasta Francisco I. Madero. Se aprecian los diversos abatimientos a lo largo de este corte. Por ejemplo en la zona de Gómez Palacio el espejo de agua se halla a 105 metros de profundidad y , por el dibujo, quedarían menos de cien metros con agua. En una gráfica posterior que indica el espesor saturado, es decir, suelo con humedad del que podría obtenerse agua, se señala que la zona de Gómez Palacio aparentemente no tiene agua a mayor profundidad.

    Además en Torreón se ha consumido un espesor de 175 metros, en La Concha el abatimiento es de 353 metros y en Francisco I. Madero de 215.

    En un siguiente perfil hidrogeológico del acuífero principal se recorren 52 mil metros de longitud desde Torreón, pasando por La Concha, La Partida, Matamoros e Hidalgo. Se distingue la parte más profunda, en La Concha. Aquí la cuenca del acuífero se estima en 430 metros. Se suman alrededor de 437 metros de espesor saturado –donde cabe la posibilidad de obtener agua-; sí hay agua, el problema son las concentraciones de arsénico: es la zona más contaminada, los registros van desde 0.026 miligramos por litro, hasta más de un miligramo.

    En 1975 el agua se encontraba a profundidades de entre 40 y setenta metros. Diez años después al norte de Francisco I. Madero se sacaba a 140 metros; al sur de Torreón estaba a 120 metros. Para 1995, después de la gran avenida del Nazas, los niveles rondaron entre los 80 metros al norte de Gómez Palacio y zona conurbada, y 140 metros de profundad al sur de Matamoros.

    El descenso del espejo de agua fue más evidente en el 2002, cuando había que llegar a profundidades de 190 metros para extraer agua, en el 2008 aumentó a doscientos; en el 2012 hubo una leve recuperación y las profundidades en la zona conurbada fueron de entre 160 y 180 metros.

    Los agotamientos son variados, algunos extremos, como los registrados en la zona de Lerdo y Gómez Palacio donde el abatimiento medio anual del 2002 al 2012 fue de 6 a 6.7 metros, al igual que en La Concha y al oriente de Torreón. Y aunque el abatimiento promedio de 1975 al 2012 en toda la región es de 1.32 metros anuales, en la última década se aceleró.

    Por otra parte los espesores saturados indican la viabilidad de hallar agua. Bajo Torreón, por ejemplo, hay un paquete de sedimento de entre 150 y 200 metros con posibilidades de obtener el recursos, pero son solo posibilidades.

    De acuerdo a la estadística de la Conagua son 180 los pozos destinados al consumo urbano que están en operación y sus expectativas de vida van desde los dos hasta los 150 años, como se señaló líneas arriba.

La amenaza del arsénico

    Una más de las preocupaciones es la mancha de arsénico. En 1991 la zona conurbada contaba con agua de buena calidad, ya se tenían problemas en La Concha y al norte de la región, pero había una frontera extensa con agua potable. En 1999 se empieza a fraccionar el acuífero y las zonas con agua potable se reducen, para el 2010 son apenas lunares en el agobiante espectro del arsénico. Una charca en Torreón y Gómez Palacio, y otra más en El Pilar, al noreste, es el agua que queda dentro de la norma de salud para el consumo humano.

    En el 2012 se realizaron 165 análisis de arsénico en igual número de pozos y el espectro muestra a poco más de cuarenta que se hallan en la frontera del agua con bajos contenidos del metaloide. El resto está en terrenos de altas concentraciones.

  Un problema más tiene que ver con la forma de cavar los pozos: se utiliza bentonita para extraer la tierra, es un mineral arcilloso que, si no tiene la viscosidad adecuada, contamina con arsénico y también bloquea el flujo del agua.

    El acuífero principal de la Comarca Lagunera seguirá siendo el más estudiado, pero esto no ha sido suficiente para detener su desequilibrio.

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