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Dinosaurios en Coahuila

Dinosaurios en Coahuila En junio de 2002 apareció el primer ejemplar de Nomádica, la historia principal fue sobre el descubrimiento de un hadrosaurio en Sabinas, Coahuila. Aquí te compartimos parte de la crónica que podrás leer completa descargando el ejemplar, al final compartimos la liga En el campamento las palabras emoción y euforia eran una […]

Por Voces Nómadas

Dinosaurios en Coahuila

En junio de 2002 apareció el primer ejemplar de Nomádica, la historia principal fue sobre el descubrimiento de un hadrosaurio en Sabinas, Coahuila. Aquí te compartimos parte de la crónica que podrás leer completa descargando el ejemplar, al final compartimos la liga

En el campamento las palabras emoción y euforia eran una constante: emoción al hallar las vértebras de un gigante de antaño; euforia al encontrar un hueso más y saber que poco faltaba para tener al dinosaurio más completo que se ha exhumado en Coahuila. Los niños, de vista aguzada, localizaban pedazos de fósiles apenas enterrados en este desierto que antes fue mar, el mar de la prehistoria radicalmente distinto a la faz actual del estado.

El cretácico no se ha ido de Coahuila. Cada día más restos de hace 70 millones de años son exhumados por paleontólogos quienes tratan de reconstruir el pasado, cuando las dunas eran playas y las mesetas arrecifes de coral; cuando el inmenso valle era regado por las aguas de ríos que formaban un delta al desembocar en lagunas salobres flanqueadas por palmas, coníferas y diversas plantas que protegían y daban de comer a la tortuga y al hadrosaurio, el mismo que después servía de alimento al tiranosaurio. Hoy quedan perpetradas sus huellas y nidos, restos de su piel primero momificada y después hecha piedra; también quedan estrellas de mar y peces, algunas algas y hojas impresas en la piedra caliza, las que se han recolectado para armar –como si fuera un rompecabezas- la juventud del antigüo Coahuila.

Por la noche la música de la armónica silencia las risas y los gritos de los niños que juegan después de la jornada de prospección en el desierto de Sabinas; cuando ésta calla los integrantes de la Asociación de Paleontólogos Aficionados de Sabinas, Coahuila, se reúnen en torno al fuego para platicar de sus proyectos: concluirán la muestra comunal montada en la plaza principal de Sabinas, construirán un museo en lo que fue el hotel de los ferrocarrileros, también reproducirán la figura de un gran dinosaurio, terminarán el diplomado sobre la materia impartido por René Hernández –paleontólogo de la UNAM quien los asesoró- pero sobre todo seguirán exhumando el hasta ahora más grande y completo dinosaurio hallado en el estado: el Sabinasaurio JP.

El más grande de los hadrosaurios

“El viernes 18 de mayo de 2001 Juan Pablo García, ingeniero civil de 44 años se encontraba supervisando las últimas descargas de escombros de construcción en un terreno localizado a unos tres kilómetros al sur de la ciudad. Cuando terminaron y los camiones se fueron, Juan Pablo, solo y con la vista al suelo, por su arraigada costumbres de buscar fósiles o pedernales, decidió caminar por los alrededores. Avanzó unos cientos de pasos hacia una ladera de suave inclinación (...) estaba a punto de regresarse, cuando percibió la diferencia en el paisaje –se cuenta en la revista oficial de la asociación-. En medio del claro aquel sobresalían unas rocas de apariencia extraña con bordes y aristas demasiado simétricos para ser simples piedras” lo que descubrió fueron “enormes y petrificadas vértebras dorsales de un animal antiquísimo”, después supieron era un hadrosaurio, el comunmente llamado “pico de pato”; un herbivoro abundante en Coahuila hace más de 70 millones de años, en el periodo cretácico de la era Mesozoica.

Los hadrosaurios fueron animales que vivieron en manadas a orillas de lagos y ríos, y regularmente comían algas dentro de los esteros del Coahuila prehistórico para eludir a su depredador, el famoso Tiranosaurio.

El orgullo de estos paleontólogos de Sabinas se finca en el hecho de que este ejemplar es de los más grandes hallados hasta ahora: llegará a medir por lo menos 16 metros desde la punta de la cola hasta el hocico; pesará alrededor de cuatro toneladas y medirá cinco metros de alto. No sólo eso, del animal se ha exhumado cerca del 75 por ciento de su osamenta y en lo que respecta al cráneo es el ejemplar del que más huesos se tienen, por lo que la importancia del hallazgo es significativa ya que con aquél se podrán determinar conductas del gigante de antaño llamado “pico de pato” precisamente por la forma de cabeza: semejante a la de un equino pero con el hocico terminado en un pico córneo, ancho y desdentado y que, en este caso, han bautizado como Sabinasaurio JP (por el lugar de origen del hallazgo sumadas las iniciales del descubridor).

“Fueron animales que no evolucionaron demasiado –asegura el paleontólogo René Hernández Rivera” pues entre los fósiles hallados y fechados hace 90 y 65 millones de años no hay demasiadas diferencias: la cadera es delgada pero suficientemente fuerte para sostener al animal de gruesas patas traseras y pequeñas manos, aunque fuertes para caminar como cuadrúpedo o levantarse sobre los cuartos posteriores.

El entorno, recrea el investigador de la UNAM, era tropical, abundaba el agua que provenía del norte a través de ríos entre los cuales poblaba una vegetación exhuberante proveedora de frutos. Los ríos desembocaban en lagunas saladas que eran protegidas por bosques, seguramente de coníferas; esto lo deducen a partir de otro hallazgo: un tronco petrificado de 17 metros de largo que al parecer es de una conífera.

Lo desenterraron a unos metros del Sabinasaurio JP; está completo y la raíz aún se encuentra ahí, en la sepa del gran tronco; además se han descubierto abundantes impresiones de hojas de árboles. En las minas de carbón –numerosas en esta región que sostiene su economía de la rama extractiva- entre las rocas pulverizadas por las explosiones, se aprecian las impresiones de las hojas.

Santiago José Aguirres Garza, integrante del grupo y estudiante de geología en la Universidad de Nuevo León, saca de su funda la navaja suiza para levantar lajas de las rocas calizas, separa rebanadas de piedra hasta llegar a la impresión oscura de una hoja con borde aserrado, se mira el dibujo nitidamente, se alcanza a fotografiar, también a dimensionar el descubrimiento: la mayoría de las piedras llevan tatuadas hojas diversas, abundantes, seguramente por ahí habrá frutos, más vestigios de aquel Coahuila, el que era mar, el de Tetis, el de la prehistoria.

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