Descubriendo el hilo negro Revista Nomádica

Descubriendo el hilo negro

Autor:  Eduardo Guajardo Mesta

Por Eduardo Guajardo Mesta

A Graciela Martínez Limones, cuya flor preferida es el girasol.

Se ha vuelto una costumbre ejercer menosprecio a las plantas silvestres, son indeseables en ocasiones por no ser atractivas y tal vez porque no está planeado que crezcan en donde se les ocurre nacer. Recuerdo un bucólico huapango titulado “Flor silvestre” que trata el tema y cuya primera parte dice:

Flor silvestre y campesina

Flor silvestre y natural

No te creen una flor fina

Por vivir junto al nopal.

Aunque no todas son feas, inmediatamente se nos ocurre arrancar la “hierba mala” para que no estorbe, ni dé mal aspecto.  

En el patio de mi casa, que no merece el título de jardín, nacieron y se desarrollaron girasoles silvestres. Uno, al estar junto a un árbol de limón, no le faltó agua, creció notablemente y produjo muchas flores, que mejoraron el aspecto del lugar. Como alegre consecuencia, abejas de diferentes tipos empezaron a realizar la infatigable misión de extraer el néctar de las flores.

Además, proporcionaron inspiración para lograr imágenes fotográficas atractivas, desde las flores completas, pasando por acercamientos a sus visitantes, hasta paisajes surrealistas formados por sus diminutos pistilos en sus diferentes etapas de desarrollo y con néctar cristalizado.

Un día observé que las hojas de la planta estaban carcomidas y pensé en la maligna presencia de alguna plaga. Después descubrí un gusano de aspecto desagradable, como un alienígena amenazante y surgió la preocupación de que generara problemas en ese pequeño ecosistema, pues era el que se estaba comiendo las hojas del girasol. No supe que acción tomar, pero unos días después no era uno, eran varios gusanos. Lo admito, su aspecto intimidante produjo un efecto negativo y encontró suelo fértil en mi ignorancia. Esperaba que invadieran el árbol de limón y que acabaran con él, pero no, sólo les interesaba el girasol. Un día arranqué una hoja que portaba a uno de esos intrusos, gusano quemador, me ilustró hace muchos años un amigo en la escuela primaria; no quise hacerle daño y por simple impulso lo metí en una caja de cartón, le añadí hojas para que se alimentara, la cerré, la abrí dos días después y para mi sorpresa emergió una mariposa de esas, que en los años setenta del siglo pasado cuando venía “el tiempo de las mariposas”, pasaban por Gómez Palacio y recibían la sabia clasificación popular infantil de “Gallito”.

Lectura recomendada | Voracidad desde el aire

Así que aprendí algo, los girasoles además de adornar el paisaje y generar néctar, aportan sus hojas como alimento para que esos temibles gusanos se transformen en bellas mariposas. He dejado crecer otras hierbas silvestres y el patio se llena de vida. Todo en la naturaleza tiene utilidad, es equilibrio, nosotros los humanos con nuestra ignorancia generamos el desequilibrio. En los ejemplos que he visto de esta transformación, los protagonistas primarios tan feos. Quién iba a imaginar que ese gusano, se iba a convertir en algo tan bonito. No hay seres malignos a pesar de su aspecto.

Otras colaboraciones de Eduardo Guajardo Mesta
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram