Promueven la hidroponía en Torreón para reactivar el centro histórico

La hidroponía en Torreón podría ser una alternativa para embellecer las calles del centro histórico, pero también para ayudar a mejorar el medio ambiente del sector.

El colectivo Moorelear informó sobre las actividades que llevarán a cabo el próximo sábado 16 de marzo sobre el Paseo Morelos. Uno de los protagonistas será la hidroponía en Torreón, una alternativa para mejorar y reactivar la vida en el centro histórico.

¿Cómo ayudaría la hidroponía en Torreón?

La hidroponía es una técnica que permite cultivar hortalizas en tubos redondos de PVC utilizando agua con nutrientes, pero desde una perspectiva sustentable y eficiente.

En ese sentido, al aplicar la hidroponía en Torreón, se podrían instalar jardines verticales, huertos en patios y azoteas, entre otros espacios verdes que ayudarían a mejorar las condiciones extremosas que se viven en el sector y que están contempladas en el Atlas de Riesgo del municipio por ser un lugar en el que se disparan los golpes de calor durante el verano.

Maestros, estudiantes y ingenieros del Instituto Tecnológico de Torreón harán una exposición en el Paseo Morelos, a partir de las 6 de la tarde, entre las calles Treviño e Ildefonso Fuentes, para explicar en qué consiste la hidroponía y por qué podría ser una alternativa viable para reactivar el centro histórico.

"Dan a conocer un proyecto muy bueno de hidroponía y creemos que es el momento justo, plantearlo, precisamente por la escasez de agua, la contaminación del suelo y nuestro clima", comentó Rosario Pedraza, representante de Moorelear.

Por ello, Pedraza hizo un llamado a arquitectos y arquitectas laguneras, así como a la comunidad, a acercarse al corredor cultural para que conozcan la propuesta de estudiantes y maestros del Instituto Tecnológico de Torreón.

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"Generar a nuestra comunidad de arquitectos una opción más para hermosear, pero sobre todo impactar a través de una economía social, es muy importante para todos. Es muy importante cómo las carreras de agricultura se involucran con la arquitectura y es sobre lo que vamos a hablar este sábado", comentó la promotora cultural.

La propuesta para buscar la implementación de la hidroponía en Torreón será presentada el próximo sábado 16 de marzo en punto de las 6 y media de la tarde sobre la Avenida Morelos, entre las calles Treviño e Ildefonso Fuentes. E

El fascinante mundo del ajolote mexicano, todo lo que debes saber sobre esta especie endémica

El ajolote mexicano, conocido científicamente como Ambystoma mexicanum, es una criatura fascinante que habita en los lagos y canales de México.

Con su aspecto único y su importancia en la cultura y la ciencia, el ajolote mexicano ha capturado la atención de biólogos, conservacionistas y entusiastas de la naturaleza en todo el mundo.

¿Dónde se localiza específicamente?

El axolote mexicano se encuentra únicamente en el complejo lacustre de Xochimilco y difiere de la mayoría de las salamandras en que vive permanentemente en el agua.

En casos extremadamente raros, el axolote madura y sale del agua, pero en la mayoría de los casos prefieren permanecer en el fondo de los lagos y canales de Xochimilco.

Criatura sagrada de los aztecas

El ajolote mexicano tiene una historia intrigante que se remonta a miles de años. Su origen está estrechamente ligado a la mitología y la historia de México, donde era considerado una criatura sagrada por los aztecas, una civilización mesoamericana que floreció en el Valle de México antes de la llegada de los conquistadores españoles.

En la mitología azteca, el ajolote estaba asociado con el dios Xolotl, una deidad que tenía la capacidad de tomar la forma de varios animales, incluido el ajolote. Xolotl era el dios del atardecer, los gemelos, el rayo y la muerte, y se le consideraba el hermano gemelo de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada.

Según las leyendas aztecas, Xolotl había transformado a los últimos sobrevivientes de una inundación catastrófica en ajolotes para que pudieran sobrevivir en el nuevo mundo.

Esta asociación con Xolotl otorgó al ajolote un estatus especial en la cosmología azteca. Se creía que el ajolote tenía propiedades místicas y curativas, y su imagen aparecía en artefactos y representaciones artísticas que datan de la época precolombina. Los aztecas valoraban al ajolote tanto por su importancia cultural como por su potencial utilidad en rituales y ceremonias religiosas.

La veneración del ajolote por parte de los aztecas también se extendió a su alimentación. Los ajolotes eran consumidos como alimento, y se creía que tenían propiedades nutritivas y fortificantes. Sin embargo, el consumo de ajolotes no estaba reservado únicamente para la alimentación ordinaria; también se utilizaban en banquetes ceremoniales y rituales religiosos especiales.

Características únicas

Una de las características más destacadas del ajolote mexicano es su capacidad para regenerar partes de su cuerpo, incluidas las extremidades, la cola e incluso partes del cerebro y el corazón. Esta habilidad sorprendente ha despertado el interés de los científicos durante décadas, ya que podría ofrecer pistas valiosas para la regeneración de tejidos en humanos.

Además de su capacidad regenerativa, el ajolote mexicano tiene un aspecto distintivo. Con su piel suave y moteada, sus branquias externas y sus pequeños ojos oscuros, el ajolote es una criatura encantadora que ha inspirado numerosas representaciones artísticas y culturales a lo largo de los años.

Desafíos de conservación

A pesar de su importancia cultural y científica, el ajolote mexicano enfrenta numerosos desafíos de conservación. La pérdida de hábitat debido a la urbanización y la contaminación de los cuerpos de agua son algunas de las principales amenazas para la supervivencia de esta especie.

Además, el comercio ilegal de ajolotes como mascotas exóticas ha contribuido a la disminución de sus poblaciones en la naturaleza.

Según la lista roja de la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (UICN), este singular anfibio se encuentra en peligro crítico de extinción.

Acciones de conservación

Para proteger al ajolote mexicano y su hábitat, se han implementado diversas acciones de conservación. Organizaciones gubernamentales y no gubernamentales trabajan en programas de educación ambiental, monitoreo de poblaciones y restauración de hábitats acuáticos para garantizar la supervivencia a largo plazo de esta especie única.

El ajolote mexicano es una criatura extraordinaria que representa una parte importante del patrimonio natural y cultural de México. Con su capacidad regenerativa, su historia fascinante y su importancia en la investigación científica, el ajolote merece nuestra atención y nuestro esfuerzo para protegerlo y conservarlo para las generaciones futuras.

El arcoíris de los huicholes Ilumina el desierto

Por Héctor Esparza

“Mi abuelo soñó dos águilas jugando durante el vuelo, y él con ellas. Y las alcanzó. Eso lo soñó cuando yo nací, por eso me puso este nombre: Muwieri, que significa Pluma de Águila, aunque mi nombre de registro es Fortunato”. La esposa de Fortunato es Wiwiema, Flor Renaciendo, y la madre de ella Yeliema, Florecer. Son huicholes que dejaron su tierra natal, Santa Catarina en Jalisco, para dispersar su artesanía en el territorio coahuilense.

    Los huicholes preservan la habilidad ancestral de atrapar los colores de su cosmogonía utilizando diminutas chaquiras. Las adhieren sobre la superficie de diversos objetos utilizando la espesa cera de abeja que suelen llamar “de Campeche”. Las siluetas de venados y de peyotes las recrean con refulgencia, no hay una sola chaquira que se aleje de la línea, que trasgreda la armonía. Con esta técnica producen joyería, artesanías, también decoran objetos cotidianos y ornamentales. Fortunato de la Rosa de la Torre es heredero de esta tradición prehispánica de pulso firme, de trazo seguro, de la reproducción fiel del dios Cola de Venado al que los huicholes veneran.

    Con la paciencia requerida Fortunato da un giro a la artesanía huichol para decorar, con la misma técnica, una cabeza de dinosaurio basándose en el diseño del tradicional sarape saltillense.

    Encontramos a Fortunato y su familia trabajando en la sala de exposiciones temporales del Museo del Desierto (MUDE) en Saltillo, Coahuila; adhería una a una las pequeñas cuentas de plástico siguiendo el patrón estético del sarape. Miraba a través de las cuencas de los ojos del gigante su diseño en perspectiva; el cráneo es una reproducción en tamaño real del Velafrons coahuilensis, el herbívoro descubierto en Coahuila y nombrado así por la cresta que poseía, y por ser una nueva especie en el contexto paleontológico mundial.

    “Mi nombre de registro es Fortunato de la Rosa, pero mi nombre tradicional es Muwieri, Pluma de Águila”; así es como se bautiza a la descendencia: el chamán, o el líder de la comuna busca en la ensoñación el símbolo que ofrecerá un apelativo al recién nacido. “Mi nombre no es exclusivo, a veces el sueño se interpreta de otra forma o igual, y no importa si se llama así alguien más”.

   A sus 25 años viaja con su hija recién nacida, su esposa y su suegra. Ellas le ayudan a separar las chaquiras, a agruparlas, a ensartarlas en las agujas que pasan a Fortunato para que él vaya trazando sobre la cera. Su bebé, recostada sobre uno de los escritorios sollozó durante la entrevista, esto fue suficiente para que Fortunato dejara por un momento el trabajo y se acurrucara sobre ella, a quien no sabe cómo la llamará. En la primera oportunidad que se presente para regresar a Santa Catarina, acudirán a los sueños del chamán en busca de símbolos que le nombren.

Santa Catarina Mezquitic

Dejaron su pueblo ante la falta de empleo. La descripción de Santa Catarina, habitado exclusivamente por la comunidad huichol, no es distinta a las realidades de los pueblos rurales de Coahuila y Durango: falta de empleo, carencia de servicios públicos, escasa oferta de escuelas y hospitales. Fortunato y su familia salieron de Santa Catarina para continuar con los estudios de secundaria; también lo dejaron en busca de trabajo. Cambiaron su domicilio a San Luis Potosí, desde donde viajaron a Saltillo para decorar varias réplicas de dinosaurios, entre ellas el Velafrons.

    Santa Cantarina está en la Sierra Madre Occidental, “somos cerca de cuatro mil personas que viven de la agricultura de temporal, en junio y julio empiezan las siembras y cuando se acaba la temporada de lluvia cosechamos; sembramos en las barrancas, en las laderas… La mayoría somos de rancho, no toda la gente está acostumbrada a la ciudad, la mayoría se dedica a su casa, a su terreno, a su ganado”; describe sin despegar la vista de su diseño.

    “Los jóvenes, como algunos otros trabajadores que les gusta la artesanía, salen a vender. Yo me dedico a la venta de artesanías y ando fuera, voy a vender a cualquier parte, en esta ocasión estoy colaborando con el Museo del Desierto. En la actualidad radico en San Luis Potosí y vengo de ahí para hacer una cabeza de dinosaurio con chaquira. En la capital de San Luis Potosí tengo cuatro años y desde que llegué ahí trabajo. Salí de Santa Catarina cuando terminé la primaria, y para estudiar la secundaria me fui a Mezquitic, me retiré de la familia, y terminé la prepa y la necesidad me llevó a trabajar, empecé a trabajar la chaquira, ya no regresé al pueblo”.

    -¿Quién te enseñó el trabajo de la chaquira adherida con cera?

    -Desde niño mi papá me enseñó, desde los siete, ocho años; empecé a hacer pulseras, así aprendí. Ya después hice pulseras grandes, y ya cuando tenía catorce o quince años, fui a las ferias del municipio a vender. Hace poco que aprendí el arte de chaquira pegada, porque éste es otro método y la mayoría no la trabaja. Pegamos la chaquira con cera de abeja, lo que vas a trabajar lo cubres con cera y de uno por uno vas pegando en cada espacio, voy pegando la chaquira, y todo así se trabaja, todos los colores. Y así fue que empecé.

    El artesano huichol viste camisa azul a cuadros con el botón superior desabrochado, lo que deja ver un colguije de cuero. Su cabello corto lo mantiene hirsuto con gel. Su aspecto juvenil y desenfadado se aleja de la imagen tradicional huichol, mucho más si se contrasta con los atuendos tradicionales de algodón blanquísimo, con túnicas azules, pañuelos rojos y vistosos sombreros adornados con plumas que porta la comunidad prehispánica.

    Las tradiciones, dijo, “siempre van a ser parte de nosotros, de las personas, de los jóvenes y los niños; ellos se están adaptando a nuestra cultura, seguimos realizando los rituales, la peregrinación, yo creo que eso nunca se va a perder”.

El diseño en la mente

Fortunato es moreno y delgado, su habla es pausada pero segura. No distrae su mirada mientras responde a las preguntas. A su lado Anabel Carrillo García, su joven esposa llamada Wiwiema, e Irma García Cosío o Yeliema, madre de Anabel, seleccionan las chaquiras, las agrupan e insertan en largas agujas que le pasan como si fueran instrumental quirúrgico. Sus vestidos estampados y amplios, de dos piezas, armonizan con los diseños que plasman en las artesanías. Anabel ayuda a Fortunato a colocar algunas chaquiras alrededor de la cuenca del ojo del hadrosaurio. Ambas mujeres portan aretes con el diseño del peyote sagrado, la cactácea utilizada durante las ceremonias religiosas. Les pido entrevistarlas. Irma no responde y Anabel habla en huichol con Fortunato, quien a su vez me indica: “ya te he dicho lo que ella pueda decirte”.

    Supuse que el rechazo era por timidez, esta percepción cambió cuando observé a Anabel negociando con el arqueólogo José Manuel Padilla Gutiérrez, sobre el proyecto para decorar el esqueleto completo de otra réplica de Velafrons elaborada por José López Espinoza, mejor conocido como Pato, destacado paleontólogo del MUDE: Wiwiema hablaba con certeza sobre costos, tiempo de trabajo y condiciones; mantenía un estira y afloja con José Manuel hasta que llegaron a un acuerdo. En tanto Fortunato continuaba el trabajo artesanal.

    -¿El diseño cómo lo concibes? 

    -Conforme voy trabajando aparecen las imágenes. Éste es un trabajo especial, me lo pidieron. Lo que es arte huichol lleva figuras de peyote, de venado, de sol, de milpa, de todo lo que tiene que ver con la cultura huichol. Ahorita es un trabajo especial, que es un sarape de Saltillo, porque es a pedido, pero cuando es un trabajo de arte huichol ya lleva las figuras que te digo.

    Al momento de la entrevista cumplía una semana incrustando las chaquiras en la reproducción del cráneo, un tercio del tiempo necesario de acuerdo a sus cálculos. El molde o la base pueden ser de pasta o resina, hay otros como el cartón, “y yo lo que hago es decorar en chaquira. Esta cabeza del dinosaurio no sé qué destino tendrá. Para avanzar más tengo que llenar agujas grandes, es conveniente poner todos los colores juntos”.

    Las chaquiras están en bolsitas separadas por colores, Anabel e Irma agitan dentro de las bolsas las agujas y con el movimiento se van ensartando.

    “El diseño en esta cabeza es de un sarape. Yo ya investigué el sarape, y el diseño más o menos viene así; con chaquira es complicado pero trataré de que sí parezca un sarape”.

   -¿Te gustan los dinosaurios?

    -Pues sí, un poco. En realidad cuando yo llegué aquí no los conocía, hasta que empecé a trabajar con ellos.

El cacto sagrado

Los huicholes habitan el Gran Nayar, es una porción de la Sierra Madre Occidental que comprende parte de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas. Viven de la milpa, la ganadería, el trabajo asalariado durante temporadas y de la venta de artesanía. “Durante los siglos recientes los huicholes han logrado una reproducción exitosa de su cultura ancestral. A pesar de estar abiertos a la interacción con el exterior, han sido sumamente celosos de la conservación de sus tierras y tradiciones”, afirma la investigadora Lucero Margarita Aguirre Valdés, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en su ensayo Los huicholes, de Fernando Benítez: un relato de viaje, en el cual recuerda al antropólogo y periodista quien realizó la peregrinación junto con los huicholes, desde la parte alta de Nayarit hasta el desierto de San Luis Potosí para recolectar peyote, cacto ceremonial.

    Esta procesión y las tradiciones las registró Benítez en su libro En la tierra mágica del peyote, pléyade de leyendas, relatos y visiones cosmogónicas alcanzadas por los huicholes tras la ingesta del hikuri, el cacto sagrado, el que permitió al abuelo de Muwieri alcanzar las plumas del águila en vuelo.

    Al terminar de decorar el cráneo de Velafrons, la familia de Fortunato continuará con el esqueleto completo, y con ello colocar los colores del arcoíris en el dinosaurio emblemático de Coahuila.