El otro reino también se encuentra en La Laguna

Texto y fotos de José Alfredo Samaniego Gaxiola * | Campo Experimental La Laguna INIFAP **

Las plantas y los animales constituyen dos reinos de organismos que en su mayoría son evidentes a simple vista, por tanto, estamos familiarizados con ellos. Sin embargo, existe otro amplio grupo denominado reino de los hongos, cuyas características distintivas son: falta de clorofila como la que poseen las plantas, y carencia de tejidos como presentan muchos animales.

    Los hongos son cosmopolitas, habitan en el mar, la tundra e incluso en el desierto, pero, su mayor diversidad se encuentra en bosques y selvas en donde la humedad, temperatura y materia orgánica abundan. Algunos hongos los podemos ver a simple vista, pero otros son tan pequeños que necesitamos utilizar el microscopio para observarlos.

    El champiñón y la trufa son los nombres comunes de dos hongos que come el hombre. El primero se obtiene cultivándolo y el segundo se recolecta con la ayuda del olfato agudo de cerdos.

    En la parte centro y sur de México son consumidas decenas de especies de hongos cuyos nombres comunes se denominan pambazos, elotitos, orejas seta china, etcétera. Los recogen personas nativas con conocimientos que les permiten distinguir, dentro del género Amanita, especies comestibles como A. vaginata, A. caesarea y A. calyprtaoides, así como especies en extremo venenosas y mortales para el hombre como A. muscaria, A. verna y A. virosa.

    Al igual que las plantas y los animales, los hongos pueden ser benéficos o perjudiciales para el ser humano. Con ayuda de los hongos se obtienen la cerveza, los vinos, el pan, algunos antibióticos, otros medicamentos y sustancias biológicas de utilidad. En contraste, algunos hongos pueden causar enfermedades en plantas, animales y en el humano; destruir y/o contaminar alimentos procesados, granos almacenados e incluso telas.

   En La Laguna existen cuatro géneros importantes que causan enfermedades en las raíces de las plantas: Fusarium, Phymatotrichopsis, Rhizoctonia y Verticillium, ellos causan las enfermedades comúnmente conocidas como marchites del tomate, pudrición texana (en más de dos mil especies de plantas distintas), agalla de la corona en alfalfa, y secadera del algodonero, respectivamente. La mayoría de las estructuras de estos hongos son microscópicas y su abundancia va desde menos de uno, a más de diez mil por cada gramo de suelo.

     Phymatotrichopsis únicamente se encuentra en México y Estados Unidos, y está ampliamente distribuido en los suelos de La Laguna, por lo que limita el cultivo comercial de algunos frutales como el duraznero y el chabacano, en cuyo caso al ser atacados por el hongo, las hojas se secan y permanecen adheridas a las ramas.

    Las especies de Fusarium, Rhizoctonia y Verticillium se distribuyen en todo el mundo, y algunas de ellas protegen a las raíces, aunque por ahora no es posible cultivarlas comercialmente para proteger a las plantas contra el ataque de otros hongos. Incluso pueden depender de una relación hongo–planta, como ocurre con muchas orquídeas que viven gracias a la simbiosis que mantienen con especies de Rhizoctonia.

    Las hojas también pueden ser atacadas por hongos, como Phytophthora y Helminthosporium quienes ocasionaron en el pasado una devastación en miles de hectáreas cultivadas con papa y maíz, respectivamente, de hecho, Helminthosporium destruyó más de un millón de hectáreas de maíz en Estados Unidos entre 1969 y 1970.

    Las hojas, frutos, ramas, tallos y raíces de plantas nativas o cultivadas en La Laguna, son disminuidos principalmente por hongos microscópicos. En los suelos destinados a la agricultura se destaca la degradación propiciada por éstos, acelerada por la cantidad de agua utilizada para el riego.

    Otros se asocian a las raíces de las plantas beneficiándose ambos. A esta asociación se le conoce como micorriza; por ejemplo, raíces de nogales en la región hospedan al hongo Pisolithus que se puede observar encima de la superficie del suelo como estructuras globosas de cinco a 20 centímetros, que al madurar liberan un polvo de color oxido de fierro, que constituyen las esporas del hongo. Algunos pastos en La Laguna, poseen hongos en sus raíces capaces de producir sustancias toxicas que se movilizan a las hojas, y que impiden que los insectos y otros hongos las consuman. A estos hongos se le conoce como endofíticos.

    El hombre necesita alrededor de 15 por ciento de alimentos que contengan proteínas, mientras que los hongos pueden aprovechar sustancias que suministren desde 0.05 a más del 15 por ciento en proteínas u otros compuestos con nitrógeno.

    La madera de árboles puede tener cantidades muy pequeñas de nitrógeno, aun así, puede ser degradada por la familia Poliporales, algunas de los cuales atacan la madera viva del nogal en esta comarca.

    En el suelo de La Laguna habitan también hongos microscópicos (Metarhizium, Beauveria y Paecilomyces) que parasitan a plagas (insectos) y otros organismos (nemátodos) que causan daño a cultivos como el algodonero o nogal.

    Las asociaciones entre hongos y otros organismos son comunes y diversas, así tenemos que las algas y los hongos forman una asociación llamada liquen, que es capaz de fijar decenas de toneladas de nitrógeno por hectárea en los bosques. Las hormigas y muchos otros insectos mantienen esta relación, e incluso bacterias y hongos se asocian también.

    En los suelos de los prados de parques, jardines y campos de golf en La Laguna, habitan hongos que causan daño al césped, algunos de ellos probablemente llegaron a través de los zapatos de visitantes extranjeros, como el Leptosphaerulina.

    Los granos y harinas almacenados que se utilizan para alimentar al ganado en La Laguna, pueden ser invadidos por hongos (Fusarium, Aspergillus y Penicillium) que potencialmente producen sustancias llamadas micotoxinas que envenenan a las reses.

    Existen hongos que pueden eliminar al arsénico del suelo al ser regado con agua contaminada; lo hacen formando un compuesto que se volatiza denominado trimetil arsina.

    En contraste, en esta región se encuentran dos hongos de importancia médica, pues causan enfermedades en personas. Uno se halla en el estiércol de diferentes animales (llamado Histoplasma), y el otro se encuentra en los suelos salinos no cultivados (Coccidioides).

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    Otros hongos más son transportados por el viento y llegan o permanecen en La Laguna, entre ellos el mismo Coccidioides y dos grupos denominados royas y carbones, los cuales causan desórdenes y enfermedades en cultivos agrícolas. Destacan especies de Puccinia y Ustilago, este último se desarrolla en las mazorcas del maíz y es mejor conocido como huitlacoche, apreciado en extremo por su sabor exquisito.

    A lo largo de la historia de la humanidad los hongos han estado presentes, como Claviceps purpurea que contaminaba el pan que el hombre elaboraba aún antes de Cristo; lo mismo que los hongos alucinógenos empleados por los nativos del sur de México en conmemoraciones religiosas (género Psilocybe), y que fueron redescubiertos por investigadores mexicanos y suizos en la década del 50 del siglo pasado; así como en la elaboración de alimentos y bebidas fermentadas en el mundo por medio del uso de los hongos denominados levaduras, como el tesgüino (cerveza), elaborado de maíz por los tarahumaras en Chihuahua; hasta la obtención de la penicilina a partir de Penicillium notatum.

* El autor trabajó de 1984-1987 en el Instituto de Biología de la UNAM, dedicándose a los hongos que invaden granos almacenados, a la identificación de hongos del suelo (de La Laguna); a la identificación de otros hongos microscópicos en diferentes sustratos. Y desde 1987 a la fecha trabaja en el Campo Experimental La Laguna (INIFAP), en el control biológico, identificación y desarrollo de nuevos métodos de control de hongos que causan enfermedades en las raíces de cultivos agrícolas en La Laguna.

** Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).

Un minúsculo pariente del tlacuache

¿Cómo que marsupial? ¿Y mexicano?

Texto y fotos de Celia López González | CIIDIR Durango | Instituto Politécnico Nacional

Con todo y la megadiversidad biológica de la que México presume ante el mundo, poco es lo que la mayoría de los mexicanos sabemos sobre los animales y las plantas que nos rodean. Gente viene a nuestro país desde lejanas tierras para tener la oportunidad de ver estos bichos tan raros que sólo existen aquí. ¿Y nosotros? bien, gracias… en el mejor de los casos ni nos enteramos; en el peor, si se mueve, se mata… Pero a pesar de nosotros, los animales aquí siguen, escondidos por los rincones, temerosos que alguien los vea, como dijera Cri-Cri, que de animales sabía.

    Uno de los grupos de mamíferos que menos conocemos son los marsupiales. La mayoría de nosotros ha visto alguna vez un tlacuache, pero pocos nos enteramos de que pertenecen a un grupo de marsupiales que hace cerca de 70 millones de años invadió el continente americano por el sur, moviéndose hacia el norte, movimiento que continúa hasta el día de hoy. En América el orden Didelphimorphia, que considera a tlacuaches y parientes, incluye 76 especies, casi todas habitantes del Cono Sur. A México llegan siete, y una, el tlacuache común (Didelphis virginiana) ha logrado alcanzar el norte de los Estados Unidos.

    El que nos ocupa hoy es un personaje menos conocido que el Señor Tlacuache, se trata de un didélfido endémico de nuestro país, que sólo vive en los bosques tropicales del Pacífico, desde el sur de Sonora hasta Oaxaca y en algunas regiones de Chiapas y la Península de Yucatán. Recientemente se le ha registrado también en Durango, al sur del Mezquital. Se le conoce en su casa como tlacuachillo, tlacuachín, o ratón tlacuache; su nombre técnico, Tlacuatzin canescens, alude por una parte a la palabra mexica para designar a los didélfidos, y por otra a su coloración café grisácea. 

    El tlacuachín es un animal arbóreo de entre 25 y 30 centímetros de longitud, incluyendo su larga cola. Por su tamaño, sus hábitos nocturnos y silenciosos, y su vida en los árboles, raramente se le ve cerca de los humanos, por lo que aquellos que comparten su hábitat poco saben sobre él. Los científicos que a esto se dedican han logrado averiguar algunas peculiaridades: a diferencia de otros marsupiales la hembra del ratón tlacuache no posee un verdadero marsupio (una bolsa), sino solamente un pliegue de piel en el vientre. Aun así, al igual que otros marsupiales, mamá tlacuachín pare hasta 14 crías que nacen en estado embrionario y continúan su desarrollo pegadas a las mamas de su progenitora.

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    Una vez maduros los tlacuachitos abandonan a su madre para buscarse la vida en los bosques del trópico mexicano, la mayor parte del tiempo son solitarios. Sus patas con pulgares oponibles y su cola prensil, les facilitan el movimiento entre ramas y lianas; para fines prácticos gozan de cinco “manos” que les permiten trepar, colgarse y al mismo tiempo manipular sus presas. Su dieta incluye cucarachas, escarabajos, palomillas, chinches y ocasionalmente huevos de aves pequeñas y lagartijas. También se les ha visto comer plátanos, naranjas, cocos e higos.

    Hacen madrigueras en huecos de árboles y cactus, debajo de rocas y troncos, y en nidos abandonados. Se ha estimado que sus poblaciones son pequeñas, del orden de cuatro individuos por hectárea, lo que hace aún más difícil llegar a observarlos.

    Poco más que lo dicho sabemos sobre este animal, y la mayor parte de la información disponible proviene de algunos estudios realizados en un solo lugar: la reserva de Chamela en Jalisco. Como muchos de los animales y plantas con los que compartimos el país, no sabemos casi nada sobre su ciclo de vida o su posible importancia para los ecosistemas. Como otros mamíferos, este marsupial se ve amenazado por el avance de la agricultura, el sobrepastoreo y la urbanización. Aunque la ley mexicana no lo considera como especie amenazada o en peligro de extinción, y al parecer ha logrado sobrevivir a la perturbación de sus ambientes naturales, el tlacuachín sólo vive en México, y es a los mexicanos a los que nos toca ver que así siga por muchos años.

Para saber más:

    Ceballos, G. y G. Oliva.  2005. Los mamíferos silvestres de México. CONABIO y Fondo de Cultura Económica, México.

    Zarza, H. G. Ceballos y M. A. Steele. 2003. Marmosa canescens. Mammalian Species 725:1-4. (Este trabajo es de libre acceso en Internet en la página http://www.science.smith.edu/departments/Biology/VHAYSSEN/msi/default.html).

    SEMARNAT. 2001. Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-2001, Protección de especies nativas de México de flora y fauna silvestres-categorías de riesgo y especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio-lista de especies en riesgo. Diario Oficial de la Federación, México, 6 de marzo de 2001.