


Un viaje al cañón de La Pinta, en Cuatro Ciénegas, permite mirar de cerca cómo un grupo de restauradoras volvió a armar un mural rupestre destruido durante un saqueo. Los fragmentos regresaron al sitio al que pertenecieron durante siglos, pero una pieza sigue ausente.
Cuando Yuri de la Rosa lanzó la invitación para ir a La Pinta, acepté de inmediato. El viaje me atraía por algo más que la cueva y sus pinturas rupestres, porque íbamos a ver de cerca el resultado de un trabajo poco común, realizado por un grupo de mujeres que durante meses se dedicó a reconstruir una pared que otros habían destrozado para robarse una pintura.
Yo había estado, meses atrás, en la presentación que el Instituto Nacional de Antropología e Historia hizo sobre los trabajos de restauración. Ahí conocimos fotografías del daño y escuchamos a las especialistas explicar la paciencia y el conocimiento que hace falta para recoger fragmentos desprendidos, clasificarlos y descubrir exactamente dónde correspondía cada uno. Pero una pregunta se me quedó pendiente, y volvió a mí más tarde.
Eduardo Galeano escribió alguna vez sobre las pinturas de las cavernas y sobre nuestra costumbre de atribuirlas automáticamente a los hombres. En Espejos, al hablar de esos bisontes, alces, osos, caballos, mujeres y hombres que sobrevivieron miles de años, se pregunta cómo pudieron “ellos” hacer algo tan delicado, y enseguida suelta una duda que cambia la mirada. “¿O eran ellas?”

Eso quería preguntarles a las restauradoras. Después de verlas explicar cómo habían recogido del suelo aquellas pequeñas muescas de piedra, cómo las observaron, las clasificaron y consiguieron devolverlas exactamente al sitio del que habían caído, me quedé pensando si alguna vez ellas mismas imaginaron que, miles de años antes, otras mujeres pudieron haber estado frente a esa misma pared, mezclando pigmentos y dejando figuras cuyo significado apenas intentamos comprender. No tuve oportunidad de preguntarlo durante aquella rueda de prensa, y la idea regresó ahora, camino a La Pinta.
Estuve puntual a las nueve de la mañana en el Bosque Venustiano Carranza, donde ya habían llegado otros compañeros periodistas. El punto de reunión era Torreón y desde allí saldríamos hacia Cuatro Ciénegas. Alrededor de las diez comenzamos el recorrido.
Viajar por carretera desde La Laguna hacia Cuatro Ciénegas tiene algo que obliga a mirar por la ventanilla. Después de San Pedro se abre una enorme planicie, la antigua Laguna de Mayrán, y el horizonte parece no terminar. La superficie es tan plana que por momentos uno puede imaginarla como una mesa gigantesca colocada entre las montañas. Cuesta trabajo mirar ese paisaje seco sin tratar de reconstruir en la cabeza otro que ya no existe, el de una laguna que recibía las aguas que bajaban desde la Sierra Madre Occidental y que atravesaban cientos de kilómetros antes de terminar aquí.

Cuando el río Nazas corría sin las grandes presas que hoy regulan sus aguas, sus avenidas llegaban hasta estas tierras bajas y alimentaban periódicamente la laguna. Más al sur ocurría algo semejante con el Aguanaval y la Laguna de Viesca. Hoy queda la planicie y queda la imaginación, y uno mira ese espacio inmenso y no puede evitar ponerle agua, imaginar aves sobre la superficie, vegetación en las orillas y grupos humanos desplazándose por este territorio mucho antes de que existieran Torreón, San Pedro, Monclova o Cuatro Ciénegas.
De alguna manera, el paisaje iba preparando el viaje, porque íbamos precisamente al encuentro de los rastros de algunos de aquellos antiguos habitantes del desierto.
Al llegar a la entrada del cañón ya estaban allí varios compañeros periodistas de Monclova, que llevaban alrededor de cuarenta minutos esperando. Nadie parecía molesto, pues la expectativa podía más que la espera.
El acceso a La Pinta se encuentra en propiedad particular y normalmente permanece cerrado. Durante años, además, la relativa dificultad para llegar al sitio funcionó como una forma elemental de protección. Aunque existe un camino relacionado con actividades mineras en la zona, la cueva permaneció prácticamente intocada durante mucho tiempo, hasta que en enero de 2025 alguien llegó con un propósito muy distinto al nuestro y con la intención de llevarse las pinturas en lugar de mirarlas.
Avanzamos primero en los vehículos y después continuamos a pie. El paisaje comenzó a cerrarse conforme entramos al cañón, y la sierra sustituyó al horizonte abierto que habíamos visto durante buena parte del camino. Ahí Yuri de la Rosa comenzó a explicar el contexto arqueológico del lugar.
No conocemos el nombre de quienes pintaron estas paredes. Tampoco sabemos exactamente cuándo estuvo cada uno de ellos aquí ni qué significado preciso tenían todas las imágenes. Eran grupos cazadores-recolectores que habitaron y recorrieron estos territorios mucho antes de la llegada de los europeos. No construyeron ciudades y su historia quedó escrita de otra manera, en piedras, herramientas, entierros, fibras, restos orgánicos y pinturas. La Pinta conserva una parte de esa memoria.
En las paredes todavía se distinguen el negro, el blanco, el amarillo y el rojo. No había una tienda donde comprar pintura, así que los colores estaban en el propio paisaje. Minerales, tierras, carbón y otros materiales disponibles en el entorno permitieron elaborar pigmentos capaces de permanecer adheridos a la roca durante siglos y, en algunos casos, milenios.
Frente a las pinturas, Yuri habló de algunas interpretaciones posibles. Hay serpientes, hay círculos concéntricos blancos que podrían estar relacionados con la luna, hay figuras geométricas y representaciones cuyo significado se nos escapa. También hay formas con posibles referencias sexuales. Yuri ve en algunas imágenes una posible alusión a la vagina y recordó que las representaciones vinculadas con la sexualidad y la fertilidad no son extrañas entre las sociedades antiguas; como ejemplo está La Ferrería, en Durango, donde existen esculturas pétreas de carácter fálico.
Pero hay que ser cuidadosos, porque interpretar no es lo mismo que saber. Una de las posibilidades es que La Pinta haya tenido un carácter ceremonial y que algunas imágenes fueran realizadas por chamanes como representación de experiencias rituales o visiones, aunque se trata de una hipótesis. Pudieron pintarlas hombres, pudieron hacerlo mujeres y pudieron participar incluso niños. Miles de años después es difícil saberlo, y ahí vuelve Galeano con su pregunta. ¿Ellos o ellas?
En enero de 2025 ocurrió algo difícil de entender. Los saqueadores llegaron provistos de herramientas, y el INAH documentó después indicios del empleo de equipo de corte para desprender directamente una sección de la pared. No buscaron raspar pigmento ni arrancar una pequeña muestra, sino que cortaron la roca, y el objetivo era una figura de una mano humana.
La extracción dejó un rectángulo vacío de aproximadamente 30 por 35 centímetros y entre dos y tres centímetros de profundidad. La pieza desapareció y hasta ahora no ha sido recuperada.
El daño, sin embargo, fue mayor. La vibración provocada por las herramientas hizo que otras partes del panel se fracturaran, y trozos de roca pintada terminaron en el suelo. En otro sector, Cueva Pinta VI, también intentaron desprender una figura antropomorfa, pero la pieza se rompió y los saqueadores no consiguieron llevársela.
Cuando Yuri llegó después de recibir el reporte, encontró una pintura ausente, fragmentos por el piso y marcas de herramientas. Una pared que había sobrevivido posiblemente miles de años había sido mutilada en unas horas. El INAH presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República, pero quedaba un problema inmediato, qué hacer con todo aquello que había sido destruido.
Entonces llegaron ellas. La intervención fue coordinada por Sandra Guadalupe Cruz Flores, de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, y participaron especialistas que se instalaron temporalmente en Cuatro Ciénegas para trabajar directamente en las cuevas.
Una parte fundamental de la tarea estaba en el suelo. Había que recoger los fragmentos, mirarlos, registrarlos y compararlos, buscando relaciones entre colores, formas, fracturas y superficies hasta descubrir dónde iba cada uno.
Durante la presentación de los resultados en el Museo Regional de La Laguna, la restauradora Hilda Serrano encontró una manera sencilla de explicarlo al decir que fue un gran rompecabezas. Solo que aquí no había una imagen impresa en la caja para saber cómo debía terminar. Las piezas eran fragmentos irregulares de roca y el modelo que debían reconstruir tenía siglos, quizá milenios, frente a ellas.
La comparación me parece todavía más impresionante estando aquí, porque una cosa es ver las fotografías de la restauración proyectadas en una pantalla y otra muy distinta pararse frente a la pared. Hay que buscar la intervención, porque el trabajo prácticamente no se nota.
Tal vez ése sea uno de sus mayores méritos. Uno está acostumbrado a relacionar una restauración con algo que vuelve a verse nuevo, y aquí ocurre exactamente lo contrario. La restauración no pretende llamar la atención ni competir con la pintura, y tampoco quiere engañar al visitante reconstruyendo lo que ya no existe. Su éxito consiste precisamente en pasar inadvertida.
Los fragmentos recuperados fueron reintegrados a la pared y el conjunto volvió a tener continuidad. Las especialistas reconstruyeron lo que era posible con los materiales originales recuperados en el sitio, pero dejaron una herida abierta. La parte robada no fue inventada, no pintaron otra mano ni rellenaron el espacio para fingir que nunca ocurrió nada. La ausencia permanece, y me parece importante que así sea, porque ahora ese hueco también forma parte de la historia de La Pinta y cuenta algo terrible sobre nosotros.
Frente a la pared resulta inevitable pensar en el destino de aquella mano. Alguien decidió cortar un pedazo de una cueva para apropiárselo. Quizá esté guardada en una colección privada o escondida en una casa, pero no sabemos dónde está ni quién la tiene, y lo único comprobable es su ausencia.
Ahí aparece el absurdo del saqueo arqueológico. Una pintura rupestre tiene sentido en su sitio, porque forma parte de una pared, de una cueva, de un cañón, de un paisaje y de un conjunto de imágenes. Su posición respecto de otras figuras puede aportar información, el material de la roca importa y el contexto importa. Separada de todo eso se convierte en un objeto mutilado, y para llevársela fue necesario destruir precisamente aquello que le daba buena parte de su valor.
Por eso me parece acertada la decisión de las restauradoras de no borrar del todo el daño. La cicatriz queda allí, no como homenaje al saqueador sino como evidencia de lo que nunca debió ocurrir.
La restauración produjo además algo inesperado. Mientras las especialistas trabajaban y se revisaban con cuidado las paredes de Cueva Pinta y Cueva Pinta VI, aparecieron tres pinturas que hasta entonces no habían sido documentadas. Habían estado allí, tal vez durante siglos, y simplemente no las habíamos visto.
Es otra paradoja de esta historia, porque un acto de destrucción obligó a estudiar el lugar con un nivel de detalle que permitió descubrir nuevos elementos. Eso no convierte el saqueo en algo positivo, al contrario, demuestra cuánto conocimiento puede perderse cuando alguien arranca una pieza de su contexto.
Cada figura nueva abre posibilidades de investigación sobre aquellos grupos cazadores-recolectores del desierto. Quedan muchas preguntas por responder, quiénes estuvieron aquí, cómo entendían su territorio, qué animales observaban, qué rituales practicaban, qué significaban esas formas y quiénes las pintaron.
Después de escuchar a Yuri y recorrer el sitio, hay un detalle difícil de ignorar. El predio permanece cerrado con candado y, después del saqueo, se colocaron tres cadenas como parte del resguardo. Durante nuestra visita ya faltaban dos y solo quedaba una. Es un detalle pequeño frente a la inmensidad del cañón, pero adquiere otro significado después de conocer lo ocurrido.
La Pinta ya sobrevivió durante siglos a la lluvia, al viento, al calor del desierto y a los cambios de temperatura. Lo que no pudo resistir fue una herramienta eléctrica manejada por alguien que decidió apropiarse de un pedazo de su historia.
Y no se trata del primer saqueo arqueológico que enfrenta Cuatro Ciénegas. En 2008 fueron sustraídas más de mil piezas arqueológicas de la Casa de la Cultura del municipio, una historia que merece contarse aparte.
Yuri insiste en algo elemental. Este es patrimonio de los coahuilenses y su conservación requiere la participación de autoridades federales, estatales y municipales, pero también de quienes viven alrededor de estos sitios, porque resulta imposible colocar un policía frente a cada cueva del desierto.
El sol caía a plomo cuando terminamos el recorrido y, a pesar del calor, nadie parecía tener demasiada prisa. Los reporteros observaban, fotografiaban, preguntaban y regresaban a mirar algún detalle. Yo también.
Habíamos venido a conocer una restauración y terminamos frente a varias historias superpuestas. La primera comenzó hace siglos, cuando alguien preparó pigmentos y decidió dejar imágenes sobre estas paredes. Otra comenzó en enero de 2025, cuando alguien entró con herramientas y decidió que una de aquellas imágenes podía pertenecerle. Y otra fue escrita por siete mujeres que llegaron después para recoger del suelo los pedazos.
Me fui de La Pinta con una sensación agridulce. Favorable por haber conocido un sitio extraordinario y por comprobar la calidad de un trabajo de restauración que prácticamente desaparece ante los ojos, lamentable porque nunca debió ser necesario realizarlo y fascinante porque Cuatro Ciénegas vuelve a demostrar que su riqueza no termina en las pozas azules, los estromatolitos y las especies que hicieron famoso al valle. También hay otra historia escrita sobre la piedra.
Antes de marcharnos volví a mirar aquellas figuras, las serpientes, los círculos, los trazos y los colores, símbolos cuyo significado probablemente nunca conoceremos por completo. Pensé otra vez en Galeano, porque durante siglos hemos mirado el pasado imaginando casi siempre a un hombre detrás de cada herramienta, cada pintura, cada descubrimiento. En La Pinta no sabemos quién sostuvo aquellos pigmentos y quizá fueron ellos o quizá fueron ellas. Lo que sí sabemos es quiénes llegaron miles de años después a recoger los pedazos y a volver a unirlos, y esta vez fueron ellas.

La alcaldesa Susy Torrecillas Salazar acusó a Grupo Lala de haber derribado alrededor de 3 mil nogales y 200 pistaches en terrenos de La Loma, calificó la intervención como un “ecocidio”, cuestionó la extracción de agua de una noria que atribuyó a la empresa y aseguró que ésta mantiene pendientes fiscales con el municipio. Los señalamientos surgieron al responder a las protestas por el retiro de 17 árboles durante la rehabilitación del Parque Forestal Las Auras y al confrontar públicamente a la diputada local de Morena, Georgina Solorio García.
Durante una rueda de prensa celebrada este martes 22 de septiembre en la Dirección de Tránsito y Vialidad, Torrecillas defendió la intervención del parque y aseguró que los 17 árboles retirados serán compensados con la plantación de 150 ejemplares. Sostuvo que el retiro se realizó por razones de seguridad y que la rehabilitación incluye iluminación, senderos, drenaje y una línea de agua tratada para garantizar el riego.
La presidenta municipal dedicó después buena parte de su intervención a cuestionar a quienes encabezan las protestas y señaló directamente a la diputada Georgina Solorio. “La diputada Georgina Solorio, y la aludo así directamente a su persona, porque ella así lo hace conmigo, con mi esposo y con mucha gente más”, expresó antes de dirigir sus señalamientos hacia Grupo Lala.
“Eso sí es un ecocidio”
Torrecillas recordó una obra que su administración había clausurado anteriormente en La Loma y afirmó que estaba relacionada con la empresa lechera.
“El Grupo Lala, el Grupo Lala, una empresa socialmente responsable; pues responsable, no con Lerdo, porque nunca quieren pagar”, declaró. Inmediatamente después acusó a la compañía de haber eliminado una extensa plantación de nogales.
“Acaba de arrasar, eso sí es un ecocidio, ¿eh?, eso sí es un ecocidio. Acaba de arrasar ¡30 hectáreas, 30 hectáreas de nogales! Cien nogales por hectárea. Háganme la cuenta: 3 mil árboles se los echaron. 3 mil árboles”, afirmó.
La alcaldesa agregó que no solamente fueron nogales. “Todos, todos se fueron, más algunos 200 pistaches que estaban del otro lado. Ahorita vayan y está vacío. Eso sí es un ecocidio”, expresó al contrastar esas cifras con los árboles retirados en Las Auras.
“Los 17 árboles que nosotros, por un bien mayor, quitamos de Las Auras, los estamos reponiendo con 150 árboles más y mucho más que estamos plantando en todo Lerdo”, agregó.
Señala extracción de agua
La alcaldesa incorporó además el uso del agua a sus cuestionamientos. Según su declaración, después del retiro de los árboles comenzó a funcionar una noria vinculada a Lala con una extracción aproximada de 30 litros por segundo.
“El Grupo Lala ahorita, al día de hoy, ahorita, y la acaban de echar a andar. Después de que arrasaron con esos árboles, echaron a andar una noria y esa noria te da 30 litros por segundo”, aseguró.
Torrecillas calculó que ese volumen representaría cerca de tres millones de litros diarios y utilizó el dato para responder a quienes han acusado al gobierno municipal de poner en riesgo el agua de Lerdo y del Cañón de Fernández.
“Nos da casi 3 millones de litros diarios que están extrayendo de nuestros mantos acuíferos. Esa es el agua de Lerdo, entonces ¿quién se está acabando el agua de Lerdo? Pero Georgina Solorio no dice nada”, declaró.
Cuestiona a Georgina Solorio
Torrecillas vinculó sus críticas a Lala con la trayectoria profesional de Georgina Solorio y sostuvo que la legisladora trabajó para la compañía. La alcaldesa afirmó que había sido asistente o secretaria de un directivo de Grupo Lala y utilizó esa relación pasada para cuestionar que participe en las protestas por Las Auras pero, según su apreciación, no haya reaccionado ante el derribo de los nogales.
“Por eso ahí no van, ni hacen videos, ni se tiran al piso (...) y Georgina Solorio dándose las de la protectora del medio ambiente”, expresó.
Después endureció su crítica: “Por favor, vamos a hablar bien las cosas y vamos a dar claramente las cosas. Y discúlpenme que hoy sea así, pero tengo que hablarlo así de frente para las personas, para que sepan que esta señora nada más les está contando mentiras”.
“Porque nunca quieren pagar”
Las acusaciones contra Lala no terminaron en los árboles y el agua. Ante una pregunta específica sobre el caso de los nogales, Torrecillas aseguró que el municipio ya había tenido un enfrentamiento administrativo con la empresa.
“Pues que no quieren pagar, que se enojaron. Entonces, cuando yo les clausuré la obra, cuando estaban haciéndolo [...] no les importó, quitaron todo, volvieron a meter máquinas; entonces ahí sí llegué con la Policía Municipal porque fue una falta administrativa y los remitimos a los separos”, relató.
“Lerdo, tanto que le ha dejado al Grupo Lala, tanto que le ha dejado, y ellos pues no son capaces de poder ponerse al corriente”, reclamó.
Según la alcaldesa, posteriormente revisaron uno de los establos y detectaron adeudos. “Nos fuimos a uno de sus establos donde no habían pagado predial desde hace mucho tiempo. A través de un abogado fiscalista, porque lo tuve que hacer así, les cobramos el predial”, declaró.
Añadió que permanece una diferencia por derechos municipales: “Ahorita están regateando 250 mil pesos de unas licencias de funcionamiento de años que no han pagado y no les voy a hacer ningún descuento”.
Agua Saludable también derribó árboles, señala
Torrecillas extendió la comparación hacia Agua Saludable para La Laguna y aseguró que la construcción de infraestructura del proyecto federal implicó también el retiro de árboles en el Parque Raymundo.
“Agua Saludable para La Laguna [derribó] 500 árboles, 500, y pueden ir a verlo. En el Parque Raymundo, cuando metieron la tubería. 500 árboles, bye. Y tampoco nadie dijo nada”, declaró.
“Pero, a ver, es un bien mayor. Es Agua Saludable para todos los laguneros; nueve municipios de la Comarca Lagunera estamos siendo beneficiados por Agua Saludable, un gran proyecto del Gobierno Federal”, expresó. Añadió que Lerdo recibe actualmente, según sus cifras, cerca de 400 litros por segundo del sistema.
La alcaldesa justificó esa afectación por considerar que el suministro de agua constituye un beneficio mayor y mencionó el problema de contaminación por arsénico. Con ese argumento equiparó la intervención federal con la rehabilitación de Las Auras: en ambos casos, sostuvo, hubo afectaciones al arbolado justificadas por un beneficio colectivo.
Motociclistas, presentes en la conferencia
La rueda de prensa comenzó con una campaña municipal de seguridad vial y estuvo acompañada por un grupo de motociclistas con sus característicos atuendos. Su presencia llamó la atención porque semanas atrás motociclistas participaron en un enfrentamiento con manifestantes contra Fermachem en la Plaza Principal de Lerdo; no existen elementos para establecer que se trate de las mismas personas. Torrecillas explicó que los asistentes de este martes participaban en la campaña para promover el uso de casco y equipo de protección entre quienes utilizan motocicleta.
Acusa una ofensiva política contra su gobierno
Hacia el final de la conferencia, Torrecillas volvió a llevar el conflicto al terreno partidista. Al ser cuestionada sobre la denuncia presentada por el derribo de nogales, respondió que “hicimos lo conducente” y posteriormente mencionó a Gregorio y Eduardo Tricio y Norberto Galindo como las cabezas del grupo que omitieron el pago de impuestos y derribaron árboles.
Acto seguido, la alcaldesa sostuvo que existe una actuación política sistemática contra su administración. “Aquí están viendo un gobierno que evidentemente no es de su partido y pues se trata de estar sistemáticamente” buscando que no le vaya bien, expresó.
Torrecillas acusó además a legisladoras opositoras de votar “en contra del desarrollo” y “en contra de la buena administración”, mientras que al regidor morenista Gerardo Delgado lo señaló de participar en la movilización de personas hacia Las Auras. “Ahí tenemos grabaciones y todo donde dice: ‘No, ya le voy a decir a Georgina que me mande esto’”, afirmó la alcaldesa. Se trata, en ambos casos, de acusaciones realizadas por Torrecillas durante la conferencia.
Las Auras, origen de la confrontación
Las declaraciones surgieron después de los enfrentamientos registrados el lunes en el Parque Forestal. Torrecillas condenó expresamente la violencia: “Repruebo totalmente los golpes, pero totalmente, y las mordidas y los arañazos y todo eso”, aunque también cuestionó lo que calificó como provocaciones de quienes se oponen a las obras.
La alcaldesa insistió en que existe disposición para establecer una mesa técnica sobre Las Auras y otros proyectos cuestionados. Anunció una reunión con Fermachem y posteriormente con la Facultad de Ciencias Biológicas, además de una mesa de trabajo para la próxima semana en el Teatro de Lerdo, a la que dijo que serían convocados especialistas, instituciones académicas, autoridades ambientales y los grupos inconformes.
La rueda de prensa terminó así por rebasar ampliamente la controversia de Las Auras. Torrecillas colocó en el centro de la discusión a Grupo Lala, al que acusó de derribar miles de árboles, extraer agua subterránea y mantener obligaciones fiscales pendientes, y utilizó esos señalamientos para cuestionar la actuación política y ambiental de Georgina Solorio y otros integrantes de Morena.
Tecnificar el riego agrícola en La Laguna es necesario. El agua es escasa, el acuífero está sometido a una fuerte presión y mantener sistemas ineficientes de conducción y aplicación resulta difícil de justificar. La discusión no está en ahorrar agua, sino en quién debe pagar la tecnificación cuando el beneficiario es una empresa o productor privado que obtiene una rentabilidad particular de la actividad agrícola.
El 9 de septiembre, la Comisión Nacional del Agua anunció que el Gobierno de México avanza en un programa que pretende modernizar más de 250 mil hectáreas en 18 distritos de riego de 15 estados, entre ellos la Comarca Lagunera, con una inversión superior a 60 mil millones de pesos durante el sexenio.
La intención tiene una evidente utilidad pública. Conagua señala que pretende “producir más alimentos con menos agua” y explica que la tecnología llegará “desde los canales principales hasta las parcelas”.
El propio comunicado establece además qué espera obtener de esa inversión: “no sólo se incrementa la producción de alimentos, sino que también se utiliza menos agua”, y añade que los volúmenes ahorrados podrán destinarse al consumo humano.
Hasta ahí, el interés público resulta claro. Invertir en canales principales, conducción, medición y obras comunes puede justificarse porque el beneficio rebasa al propietario de una parcela. La pregunta comienza cuando los recursos públicos llegan hasta el interior de una explotación privada y financian tecnología que, además de ahorrar agua, puede aumentar la productividad de un negocio particular.
Subsidios públicos para producir
No estamos hablando solamente de créditos que posteriormente deban regresar al Estado. El Programa de Apoyo a la Infraestructura Hidroagrícola de Conagua establece para 2026 que sus recursos federales son subsidios “a fondo perdido”, destinados a rehabilitación, tecnificación, conservación, construcción y equipamiento de infraestructura hidroagrícola.
Esto no significa que los más de 60 mil millones de pesos anunciados por Conagua se entregarán íntegramente bajo esa modalidad ni que cada productor recibirá gratuitamente un sistema de riego. Son programas e instrumentos que deben distinguirse. Pero sí demuestra que dentro de la política hidroagrícola federal existen recursos públicos no recuperables destinados a tecnificar la actividad productiva.
En el caso específico de La Laguna sabemos además que en marzo de 2025 Conagua, los gobiernos de Coahuila y Durango y los usuarios del Distrito de Riego 017 firmaron un convenio de tecnificación con una inversión anunciada superior a 9 mil 800 millones de pesos.
Las reglas aplicables al Programa de Apoyo a la Infraestructura Hidroagrícola también exigen, dependiendo del componente, cartas compromiso de aportación de recursos de los usuarios. Es decir, tampoco sería correcto afirmar que toda tecnificación se paga exclusivamente con dinero federal.
La pregunta pertinente es otra: ¿qué porcentaje debe asumir la sociedad y qué porcentaje corresponde al productor cuando éste desarrolla una actividad empresarial con fines de lucro?
Ejidatarios y particulares no tienen la misma escala
Las estadísticas de Conagua ayudan a dimensionar la diferencia. En el Distrito de Riego 017, durante el ciclo agrícola 2015-2016, había 30 mil 976 usuarios ejidales y 2 mil 411 particulares. Los primeros regaron 29 mil 586 hectáreas y los segundos 20 mil 249.
La simple relación entre usuarios registrados y superficie efectivamente regada arroja aproximadamente 0.96 hectáreas por usuario ejidal frente a 8.4 hectáreas por usuario particular. Debe tomarse solamente como una referencia de escala, no como el tamaño promedio de la propiedad, porque un usuario registrado no necesariamente equivale a una explotación individual y existen transferencias y rentas de derechos.
Pero la diferencia resulta reveladora desde otro ángulo. Los particulares constituían apenas 7.2 por ciento de los usuarios, pero concentraban 40.6 por ciento de la superficie regada. Los ejidatarios representaban 92.8 por ciento y utilizaban 59.4 por ciento.
La concentración resulta todavía más marcada cuando se observa el agua subterránea. Un análisis académico del Registro Público de Derechos de Agua con información de 2015 encontró que aproximadamente 82 por ciento de las concesiones estudiadas correspondía a productores y empresas privadas, frente a alrededor de 18 por ciento de los ejidos.
Es una fotografía de hace once años y no debe presentarse como la distribución actual. Pero sirve para entender que el productor beneficiario de una política de tecnificación no constituye un universo económicamente homogéneo.
¿El mismo apoyo para todos?
Esta distinción resulta fundamental porque una parcela ejidal de subsistencia no puede colocarse en las mismas condiciones que una explotación comercial.
El dinero público destinado a que un pequeño productor pueda continuar cultivando tiene una evidente dimensión social. Pero cuando el beneficiario es una empresa o productor privado que comercializa su producción y obtiene de ella una utilidad, aparece una pregunta legítima: ¿hasta dónde corresponde al contribuyente financiar la tecnología necesaria para hacer más eficiente ese negocio?
Las propias reglas federales reconocen que debe existir participación de los beneficiarios en determinados componentes y establecen mecanismos de transparencia y publicación de beneficiarios. También confirman que los recursos federales del programa tienen carácter de subsidio y pueden entregarse a fondo perdido.
Por ello, la discusión no debería reducirse a tecnificación sí o tecnificación no, sino avanzar hacia un esquema proporcional. Mientras menor sea la capacidad económica del productor, mayor puede justificarse el apoyo público; mientras mayor sea la escala y capacidad financiera de una explotación comercial, mayor debería ser también su aportación.
Fuentes documentales
Comunicado de prensa 126/1-26, “Gobierno de México avanza en la implementación del Programa Nacional de Tecnificación del campo”, 9 de septiembre de 2026, citado directamente en el texto.
Para consultar:
Conagua — Programa de Apoyo a la Infraestructura Hidroagrícola 2026
Diario Oficial — Reglas de Operación del Programa de Apoyo a la Infraestructura Hidroagrícola
Conagua — Convenio de tecnificación del Distrito de Riego 017 Región Lagunera
Secretaría de Economía, Data México — Trabajadores en actividades agrícolas y ganaderas
Secretaría de Economía, Data México — Trabajadores agrícolas, ganaderos, forestales, caza y pesca
En diez años Torreón prácticamente duplicó su parque vehicular. Un ejercicio de equivalencia permite dimensionar cuánto dióxido de carbono pueden generar automóviles y motocicletas y cuántos mezquites serían necesarios para capturar una cantidad semejante. El resultado muestra también otro contraste: los vehículos aumentan mucho más rápido que nuestros árboles.
En diez años el parque vehicular en Torreón se duplicó y el número de motocicletas se multiplicó casi por 38. Solamente los automóviles y las motos sumaban en 2025 poco más de 222 mil unidades y, mediante un cálculo realizado para dimensionar su huella ambiental, podrían representar alrededor de 609 mil toneladas de dióxido de carbono al año.

¿Eso es mucho o poco?
Pongámosle árboles.
Un estudio publicado en 2026 en la revista científica Ra Ximhai analizó un bosque espinoso dominado por mezquite, Prosopis laevigata, y registró una densidad de 210 mezquites por hectárea. Los investigadores calcularon que los 2 mil 100 árboles existentes en las diez hectáreas estudiadas fijaban aproximadamente 25.2 toneladas de CO₂ al año. La equivalencia resulta particularmente útil para nuestro ejercicio: alrededor de 12 kilogramos de CO₂ por mezquite al año.
Si utilizamos ese valor únicamente como referencia, para capturar una cantidad semejante a las 609 mil toneladas de CO₂ que estimamos para los automóviles y motocicletas de Torreón serían necesarios alrededor de 50 millones de mezquites.
Ahí comienza a adquirir dimensiones el problema.
Un mezquital de 241 mil hectáreas
Si esos 50 millones de árboles se distribuyeran con la misma densidad de 210 mezquites por hectárea registrada en el estudio, necesitaríamos aproximadamente 241 mil hectáreas de mezquital.
La cifra resulta difícil de imaginar hasta que la colocamos sobre nuestro propio territorio.
La delimitación oficial utilizada por INEGI, CONAPO y SEDATU establece para la Zona Metropolitana de La Laguna una superficie de 7 mil 889 kilómetros cuadrados, equivalentes a 788 mil 900 hectáreas. Comprende Torreón, Matamoros y Francisco I. Madero, en Coahuila, y Gómez Palacio y Lerdo, en Durango.
Por lo tanto, aquellas 241 mil hectáreas representarían aproximadamente 30.6 por ciento de toda la superficie de la Zona Metropolitana de La Laguna.
No estamos proponiendo cubrir casi una tercera parte de la zona metropolitana con árboles. La comparación sirve para darle escala a algo que normalmente no podemos observar cuando encendemos un motor.
Tampoco se trata de un inventario oficial de emisiones. Los vehículos no recorren las mismas distancias, no utilizan exactamente la misma cantidad de combustible y sus emisiones son diferentes. Lo mismo ocurre con los árboles: la cantidad de carbono que almacenan depende de su especie, edad, tamaño, disponibilidad de agua, suelo y condiciones ambientales.
¿Por qué utilizar el mezquite?
El mezquite forma parte de la vegetación característica de las regiones áridas y semiáridas del norte y centro de México. Investigadores de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro y del INIFAP estudiaron 144 ejemplares de Prosopis laevigata en siete poblaciones naturales del norte del país, incluida una localizada en Bilbao, municipio de Viesca, Coahuila, para desarrollar ecuaciones que permiten calcular su biomasa.

El mezquite puede alcanzar varios metros de altura, soporta las condiciones de ambientes secos y acumula carbono conforme aumenta su biomasa. Por eso los investigadores utilizan el diámetro del tronco, altura y otras características del árbol para estimar cuánto carbono mantiene almacenado.
Otro estudio realizado en un ecosistema semiárido del centro de México encontró además que los ecosistemas dominados por mezquite y otras especies propias de estas regiones pueden funcionar como sumideros de carbono. No solamente importa cada árbol por separado, también importa conservar comunidades vegetales completas, su suelo y la regeneración natural.
Los vehículos crecen más rápido que los árboles
En 2015 Torreón tenía registrados 142 mil 613 vehículos de motor. Para 2025 eran 287 mil 272. Los automóviles pasaron de 106 mil 48 a 196 mil 68 unidades y solamente entre 2024 y 2025 se incorporaron otros 14 mil 537 vehículos.
El crecimiento de las motocicletas resulta todavía más evidente. En 2015 había registradas solamente 691; diez años después eran 25 mil 961. Dicho de otra manera, por cada motocicleta registrada hace una década ahora existen casi 38.
Frente a ese crecimiento, vamos rezagados en la plantación, conservación y, sobre todo, supervivencia de árboles.
Plantar tampoco basta. Para que un árbol capture y mantenga carbono necesita sobrevivir y crecer durante años. Por eso una política de infraestructura verde no debería medirse solamente por cuántos ejemplares se plantaron durante una campaña, sino por cuántos permanecen vivos cinco, diez o veinte años después.
Torreón cuenta desde 2016 con una guía municipal de árboles y plantas para su zona urbana y el IMPLAN ha desarrollado instrumentos sobre infraestructura verde. Sin embargo, el Plan de Acción Climática Municipal 2025 reconoce todavía la necesidad de crear un inventario de sumideros de carbono, una herramienta que permitiría conocer mejor la vegetación existente y calcular su capacidad de almacenamiento de carbono.
¿Cuántos árboles tenemos realmente?
Esa pregunta aparentemente sencilla todavía resulta difícil de responder: ¿cuántos árboles existen en Torreón y cuántos hay en toda la Zona Metropolitana de La Laguna?
Existen registros de áreas verdes, parques, especies recomendadas y herramientas cartográficas que identifican la presencia de árboles en determinadas calles y manzanas, pero no encontramos publicado un censo metropolitano que permita afirmar cuántos ejemplares existen actualmente en Torreón, Gómez Palacio, Lerdo, Matamoros y Francisco I. Madero.
Y conocer esa cifra sería importante. Un inventario permitiría saber no solamente cuántos árboles tenemos, sino qué especies son, dónde se encuentran, cuál es el diámetro de sus troncos y copas, cuáles zonas de la ciudad presentan déficit de vegetación, cuánto carbono almacena y, quizá lo más importante, cuántos árboles estamos perdiendo y cuántos de los que plantamos realmente sobreviven.
No necesitamos 50 millones de árboles, necesitamos medir
Los 50 millones de mezquites de este ejercicio son imaginarios. No constituyen una meta de reforestación ni significan que podamos seguir aumentando indefinidamente las emisiones mientras plantemos suficientes árboles. Sirven para observar dos velocidades distintas.
En una década prácticamente duplicamos el parque vehicular de Torreón y multiplicamos casi por 38 las motocicletas. La infraestructura verde no parece avanzar a esa velocidad.
Cada automóvil responde a una necesidad individual de movilidad y Torreón seguirá necesitando vehículos. Pero cuando juntamos cientos de miles de decisiones individuales aparece una consecuencia colectiva: consumimos combustible, ocupamos espacio y agregamos emisiones a una atmósfera que todos compartimos.
La respuesta tampoco está solamente en plantar. Está en conservar los árboles que ya tenemos, recuperar vegetación regional, mejorar el transporte público, reducir algunos desplazamientos y construir una ciudad donde existan diferentes formas de llegar a nuestro destino.
Quizá antes de preguntarnos cuántos árboles necesitamos plantar habría que responder una pregunta todavía más elemental:
¿sabemos cuántos árboles tenemos?
Fuentes para consulta
García-Azpeitia, Lilia. “Análisis dasométrico del mezquite y valoración del servicio ecosistémico regional, en Jalisco”. Ra Ximhai, 2026. Estudia un bosque espinoso dominado por Prosopis laevigata, con una densidad registrada de 210 mezquites por hectárea y una fijación estimada de 25.2 toneladas de CO₂ anuales para 2 mil 100 ejemplares.
Méndez González, Jorge; Turlan Medina, Osvaldo Augusto; Ríos Saucedo, Julio César; y Nájera Luna, Juan Abel. “Ecuaciones alométricas para estimar biomasa aérea de Prosopis laevigata”. Revista Mexicana de Ciencias Forestales. Investigación realizada con 144 mezquites de siete rodales naturales del norte de México, entre ellos ejemplares de Bilbao, Viesca, Coahuila.
Becerril-Piña, Rocío et al. “Contenido de carbono en un ecosistema semiárido del centro de México”. Ecosistemas y Recursos Agropecuarios, 2014. Investigación sobre almacenamiento de carbono en Prosopis laevigata, huizache y vegetación de ambientes semiáridos.
SEDATU, CONAPO e INEGI. Delimitación de las zonas metropolitanas de México 2015. La Zona Metropolitana de La Laguna comprende una superficie de 7 mil 889 kilómetros cuadrados.
Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón. Plan de Acción Climática Municipal 2025. Incluye entre sus acciones la creación de un inventario de sumideros de carbono.
El tiradero de vísceras descubierto en Lerdo abre una pregunta sobre el destino de miles de bovinos que cada año salen de los establos de La Laguna
José “N.” fue detenido cuando descargaba residuos de animales de engorda en un tiradero clandestino del ejido 6 de Enero, en Lerdo. La Policía Ambiental aseguró también el vehículo y el hombre declaró que trabajaba para un rastro. La autoridad detuvo a quien depositaba aquellos restos donde no correspondía, pero dejó abierta una pregunta más grande: ¿detener al conductor resuelve el problema del manejo de los residuos animales o solamente detuvo el último eslabón de una cadena?
La pregunta adquiere otra dimensión cuando miramos el tamaño de la actividad ganadera regional. Durante 2025 La Laguna produjo alrededor de 2 mil 945 millones de litros de leche y reportó 266 mil 560 cabezas en explotación lechera. Pero ninguna vaca produce leche indefinidamente. Llega un momento en que abandona el establo y, si sus condiciones sanitarias lo permiten, puede incorporarse a la cadena de producción de carne.
Casi una de cada tres sale del hato.

Aquí tenemos un dato particularmente interesante porque procede de los propios establos laguneros. El médico veterinario Jorge Fernández Díaz de León, de la Asociación de MVZ Especialistas en Bovinos de la Comarca Lagunera, reportó para los hatos estudiados una tasa anual de desecho de 31.8 por ciento durante 2025, ligeramente menor al 32.9 por ciento registrado el año anterior.
Dicho de manera sencilla, en esos hatos casi una de cada tres vacas salió del sistema durante el año.
No podemos trasladar automáticamente ese porcentaje a todos los establos de La Laguna, pero sí utilizarlo para dimensionar el fenómeno. Si la proporción fuera semejante entre las 266 mil 560 cabezas reportadas en explotación lechera, estaríamos hablando de aproximadamente 84 mil 800 animales al año, unos 7 mil mensuales o más de 230 diariamente.
Eso no significa que 85 mil vacas hayan llegado al rastro. Algunas mueren en los establos, otras pueden tener destinos diferentes y tampoco sabemos cuántas salen de la región. Lo que sí sabemos es que existe un flujo constante de animales que dejan de producir leche.
Las razones son diversas. Un seguimiento realizado durante 18 meses en ocho establos tecnificados de La Laguna encontró problemas reproductivos, abortos, padecimientos respiratorios y digestivos, afecciones de patas y ubre y accidentes. También existe una razón estrictamente económica: llega un momento en que algunas vacas producen tan poca leche que mantenerlas cuesta más de lo que generan. Cuando son aptas para consumo, uno de sus destinos es el rastro y después a nuestra mesa.
Una vaca lechera que termina su ciclo productivo no genera necesariamente carne de mala calidad. Una revisión científica sobre las vacas lecheras de desecho confirma que estos animales constituyen una fuente de carne para consumo humano y que de sus canales pueden obtenerse tanto carne para procesamiento como cortes completos.
La diferencia frente a un bovino de engorda está principalmente en la edad y la vocación productiva del animal. El ganado de engorda ha sido seleccionado y alimentado para desarrollar músculo y producir carne y normalmente llega más joven al sacrificio. La vaca lechera, en cambio, pasó varios años destinando buena parte de la energía que consume a producir leche.
Por eso su carne puede presentar características diferentes de color, grasa, textura y terneza, es decir que sea suave y fácil de masticar. Pero la literatura científica advierte que no puede clasificarse automáticamente como una carne inferior: influyen la edad, condición corporal, alimentación antes del sacrificio, estado de salud y manejo posterior de la canal.

¿Y los medicamentos?
Éste es otro punto importante. Una vaca lechera puede recibir durante su vida antibióticos, antiparasitarios y otros medicamentos veterinarios, pero haber recibido tratamiento no significa que su carne contenga residuos peligrosos.
Para eso existen los periodos de retiro. Dependiendo del medicamento, debe transcurrir determinado tiempo entre su última aplicación y el momento en que la leche o la carne puede destinarse al consumo humano. SENASICA establece además Límites Máximos de Residuos para medicamentos veterinarios y otras sustancias que pueden permanecer en tejidos y productos de origen animal.
La pregunta correcta, entonces, no es si las vacas lecheras reciben medicamentos, sino cómo se comprueba que una vaca enviada al sacrificio cumplió con los periodos de retiro y se encuentra en condiciones sanitarias adecuadas para ingresar a la cadena alimentaria.
¿Cuántas llegan a los rastros?
Y aquí encontramos un hueco de información.
Sabemos cuánta leche produce La Laguna, cuántas cabezas se encuentran en explotación y contamos incluso con estudios que permiten aproximarnos a cuántas vacas salen de determinados hatos cada año. Resulta mucho más complicado conocer cuántas de esas vacas terminan específicamente en los rastros registrados de la región.
INEGI lleva la Estadística de Sacrificio de Ganado en Rastros Municipales y registra bovinos, porcinos, ovinos y caprinos sacrificados. Pero esa estadística contabiliza establecimientos municipales y no representa por sí sola todo el sacrificio, porque existen también establecimientos privados y plantas Tipo Inspección Federal.
Además, sería incorrecto comparar simplemente las aproximadamente 85 mil vacas que podrían salir del hato con el número de bovinos sacrificados. Los rastros reciben también animales criados específicamente para carne y las vacas lecheras que salen de los establos laguneros pueden ser sacrificadas fuera de la región.
Lo interesante es precisamente la dificultad para seguirles el rastro.
De una res no todo se convierte en carne
Después del sacrificio quedan piel, sangre, grasa, huesos, contenido gastrointestinal y vísceras. Algunos son subproductos aprovechables; otros deben ser inspeccionados y pueden ser decomisados cuando no reúnen las condiciones para consumo humano. Cada uno requiere un manejo y un destino adecuado.
Y así regresamos al ejido 6 de Enero.
Detener a José “N.” evitó que aquel día continuara descargando residuos animales en ese sitio, pero no responde de dónde salieron las vísceras, qué rastro las generó, quién decidió llevarlas hasta ese terreno, si era la primera vez que ocurría y cuál debió haber sido su destino final.
En una región donde cientos de miles de bovinos forman parte de las cadenas de producción de leche y carne, no es una pregunta menor.
Sabemos cuánto produce una vaca mientras permanece en el establo. Sabemos cuánta leche genera La Laguna y podemos calcular incluso cuánto vale esa producción.
Quizá haga falta saber con la misma precisión qué ocurre con el animal cuando deja de producir y qué camino siguen sus restos después del sacrificio.
Porque detener al hombre que arrojaba las vísceras resuelve una infracción.
Seguir el rastro de esas vísceras puede decirnos si detrás existe un problema mucho mayor, porque no hay que olvidar que en noviembre de 2025, la Policía Municipal de Torreón detuvo un tráiler que transportaba 28 toneladas de carne podrida y desechos cárnicos en avanzado estado de descomposición, y no supimos a dónde fueron a dar.
Fuentes consultadas
El trabajo sobre parámetros y desecho de vacas en hatos lecheros de la Comarca Lagunera, de Jorge Fernández Díaz de León, es fundamental porque los datos proceden de la propia región: Desechos totales en hatos lecheros de la Comarca Lagunera — BM Editores. Para las características y aprovechamiento cárnico de las vacas lecheras de desecho utilizamos la revisión científica disponible en PubMed Central: Culled dairy cows: From dairy farm to slaughterhouse and beyond. Para el problema específico de residuos de antibióticos y tiempos de retiro en vacas lecheras destinadas al sacrificio: Estudio en Journal of Dairy Science — PubMed.
Fuentes oficiales. Para el control de residuos de medicamentos veterinarios utilizamos la información de SENASICA: Tabla de Límites Máximos de Residuos — SENASICA. Para conocer el alcance y metodología de la estadística de sacrificio municipal: Estadística de Sacrificio de Ganado en Rastros Municipales — INEGI.
Información regional y periodística. Para el inventario lechero y la producción regional de 2025: Retoma dinamismo sector lechero — El Siglo de Torreón. Para el caso que originó esta investigación: Detienen a hombre por tirar residuos de animales de engorda en Lerdo, comunicado del ayuntamiento de Lerdo
Ochenta cuatrimotos y vehículos tipo RZR se quedaron el sábado 29 de agosto de 2026 sin poder entrar por el acceso de Sapioriz al Cañón de Fernández. Ahí terminó el recorrido para ese grupo, porque Medio Ambiente, la Policía Ambiental, Seguridad Pública, elementos de la Sedena y de la Guardia Nacional les cerraron el paso. La cifra no es menor y tampoco es aislada. Habla de un flujo constante de vehículos todo terreno que sigue intentando entrar a un área natural protegida de carácter federal, semana tras semana, pese a que la restricción existe y se aplica con regularidad.
Ese dato, el de la recurrencia, es el que de verdad importa. No se trata de un operativo puntual que resuelve el problema de una vez, sino de un pulso que se repite porque la presión sobre el cañón no cede. Cada fin de semana hay quien intenta entrar con su vehículo, y cada fin de semana hay que detenerlo en el mismo punto. Eso dice más sobre el tamaño del reto que cualquier declaración institucional.
Y ahí conviene detenerse en un argumento que circula cada vez que se difunde uno de estos operativos, el de que rodar sobre el cauce o el suelo del cañón no le hace daño a nadie, que el agua no se aplasta ni se mata al paso de una llanta. El argumento suena razonable si uno se queda en la superficie, pero no resiste una revisión un poco más cuidadosa de lo que ocurre en un lecho de arroyo o en una ladera cuando por ahí pasan, de forma reiterada, decenas de vehículos pesados y con neumáticos diseñados para morder el terreno.

El primer efecto es sobre el suelo mismo. El paso repetido de vehículos todo terreno compacta la tierra y destruye la estructura porosa que permite que el agua de lluvia se infiltre hacia el subsuelo. Un suelo compactado no absorbe, escurre, y ese escurrimiento arrastra sedimento hacia el cauce, lo azolva y modifica la forma en que el agua se mueve dentro del cañón. En una región como la Comarca Lagunera, donde la recarga de acuíferos es un tema que se discute todos los años como asunto de supervivencia, dañar la capacidad de infiltración de una zona de captación no es un detalle menor, es tocar directamente la reserva de agua futura de miles de familias.
El segundo efecto tiene que ver con lo que esos vehículos dejan atrás. Combustible, aceite, refrigerante, restos de piezas desgastadas, todo eso termina en el suelo y, con las lluvias, en el agua que corre por el cañón. No hace falta un derrame espectacular para que haya contaminación, basta la acumulación de residuos de cientos de vehículos a lo largo de meses para que la calidad del agua y del suelo se vea afectada de manera medible.
El tercer efecto, menos visible pero igual de real, es el ruido. El Cañón de Fernández no es solo un cauce, es hábitat de fauna que depende de condiciones de tranquilidad para reproducirse y alimentarse. El paso constante de motores de combustión interna a alto volumen ahuyenta especies, altera sus patrones de comportamiento y, con el tiempo, empobrece la biodiversidad de la zona. Ese costo no se ve en una fotografía del operativo del sábado, pero se acumula igual que el sedimento en el cauce.

Nada de esto depende de una opinión. El Cañón de Fernández tiene una designación federal como área natural protegida, lo que significa que las restricciones a la circulación de vehículos motorizados no son una ocurrencia municipal, son parte de un marco legal pensado precisamente para evitar los efectos que se describen arriba. Cuando las autoridades de Lerdo cierran el paso en Sapioriz, están aplicando esa norma, no inventando una prohibición arbitraria contra quienes buscan un espacio para rodar.
Esa distinción importa porque cambia el tipo de conversación que se puede tener. No es un desacuerdo entre gustos, entre quien prefiere una tarde tranquila junto al cauce y quien prefiere subirse a un RZR a buscar adrenalina en la tierra suelta. Es una obligación legal que existe porque el cañón cumple una función ecológica que rebasa cualquier preferencia recreativa individual, la de servir como zona de captación e infiltración para un sistema hídrico del que depende buena parte de la región. Tratar la restricción como un capricho de la autoridad en turno es desconocer para qué existe esa figura de protección.
Tampoco ayuda pensar el problema como una confrontación entre la autoridad y los aficionados a los vehículos todo terreno. La afición en sí misma no es el problema, existen espacios habilitados para ese tipo de actividad en los que rodar no compromete un ecosistema protegido. El problema aparece cuando ese gusto se ejerce dentro de un área cuya función ambiental depende de que el suelo no se compacte, de que el cauce no se azolve y de que la fauna conserve condiciones mínimas de tranquilidad. La solución no pasa por prohibir la actividad en general, pasa por sacarla del cañón.
Lo que sí vale la pena señalar es que ningún operativo semanal sustituye la necesidad de que la información sobre por qué existe esta restricción llegue mejor y más lejos. Quien pregunta si de verdad se mata al agua al pasar por ella está haciendo, a su manera, una pregunta legítima, y la respuesta no está en descalificar la duda, está en explicar con datos concretos lo que ocurre con la compactación del suelo, con los residuos que se quedan y con el ruido que ahuyenta a la fauna. Esa explicación tiene que acompañar cada boletín, cada operativo y cada llamado a respetar el área, porque la vigilancia detiene vehículos un sábado a la vez, pero solo el entendimiento colectivo de lo que está en juego puede reducir la presión semana tras semana.
El Cañón de Fernández no le pertenece a un municipio ni a una administración en turno, le pertenece a la región entera, incluida el agua que hoy corre por su cauce y la que en unos años tendrá que seguir brotando de sus pozos. Protegerlo no es un capricho burocrático, es una condición para que la Comarca Lagunera siga teniendo un futuro con agua disponible.
Entre abril y junio de 2026, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) otorgó 347 prórrogas, es decir, extensiones de permiso, para seguir sacando agua del subsuelo en la Comarca Lagunera, a pesar de que la región atraviesa un proceso legal para frenar la sobreexplotación del acuífero, el gran depósito de agua subterránea del que se abastece toda la zona.
Ante esto, el abogado Luis Eduardo Pedroza García, quien representa a la parte quejosa dentro del juicio de amparo 1085/2019, envió de manera electrónica los escritos con los que presentó una denuncia de repetición del acto reclamado. Esa denuncia ya fue admitida por un juez federal, quien dará trámite a esta observación para determinar si las autoridades del agua volvieron a actuar de la misma manera que un tribunal ya les había prohibido.
El Juzgado Quinto de Distrito en La Laguna admitió el caso el pasado 4 de agosto, dentro del expediente relativo al juicio de amparo 1085/2019. Lo que el juez tendrá que resolver es si Conagua repitió una conducta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya había declarado ilegal desde 2022, cuando determinó que el gobierno no estaba cuidando el agua de la región como debía, y que eso afecta un derecho básico de la población, el derecho a tener agua y a vivir en un entorno sano.
El acuífero de La Laguna lleva más de veinte años en números rojos. Esto quiere decir que, año con año, se saca más agua de la que la naturaleza logra reponer por medio de la lluvia y recargas aportadas por los ríos Nazas y Aguanaval. Es como una alcancía de la que se retira dinero constantemente sin depositar lo suficiente para reponerlo.

A pesar de esa situación, la denuncia señala que las 347 prórrogas se otorgaron por hasta diez años, sin que Conagua explicara cuánta agua queda realmente disponible en el acuífero, ni cuánta se puede extraer sin poner en riesgo su recuperación. Además, de esas 347 prórrogas, 273 fueron entregadas para uso agrícola sin comprobar cuántas hectáreas de cultivo se iban a regar con esa agua, un dato que la ley exige conocer antes de autorizar este tipo de permisos.
Con la denuncia ya admitida, el juzgado pidió a las autoridades responsables que expliquen, en un plazo breve, por qué actuaron de esa manera. Si no presentan esa explicación, o si la presentan de forma incompleta, la ley establece que se dará por hecho que la denuncia tiene la razón.
Este caso forma parte de un litigio más amplio que comenzó en 2019 y que busca obligar al gobierno federal a tomar medidas reales para frenar el desgaste del acuífero de La Laguna. La ruta de ese litigio pasó por la Suprema Corte, que en el amparo en revisión 543/2022 dictó la sentencia que reconoció la sobreexplotación del Acuífero Principal-Región Lagunera como una condición que vulnera el derecho al agua, del que depende lo que llega a los hogares y a los campos de toda la comarca.
La comisión de Movilidad y Seguridad Vial del Cabildo de Torreón recibió esta semana a integrantes del colectivo Ruedas del Desierto, quienes plantearon ante los regidores un diagnóstico que contrasta con la imagen de una ciudad que avanza en infraestructura ciclista. El municipio cuenta hoy con 52.76 kilómetros de ciclovías, muy lejos de la meta de 200 kilómetros que las propias autoridades se plantearon hace años.
El regidor Raúl Alejandro Garza del Valle, presidente de la comisión, refrendó la disposición del Ayuntamiento para trabajar de manera coordinada con la sociedad civil y traducir las propuestas ciudadanas en acciones concretas. Francisco Valdés Perezgasga, representante de la agrupación, insistió en la necesidad de fortalecer la infraestructura vial para quienes se mueven en bicicleta, un medio de transporte que promueve alternativas de movilidad y fomenta la actividad física.
Los datos que el colectivo llevó a la mesa muestran que la bicicleta dejó de ser una opción marginal en la Comarca Lagunera. En la Zona Metropolitana, 52 mil 187 personas la utilizan para trasladarse al trabajo, lo que representa el 10.3 por ciento de la movilidad laboral metropolitana. A ellas se suman 5 mil 225 estudiantes que también la usan como medio de transporte cotidiano. Por municipio, Gómez Palacio y Matamoros encabezan el porcentaje de trabajadores que se mueven en bicicleta, con 11.9 por ciento cada uno, seguidos por Lerdo con 9.1 por ciento y Torreón con 7.6 por ciento.
El crecimiento de la red ciclista tuvo su periodo más dinámico entre 2017 y 2021, pero desde 2022 el colectivo documenta una desaceleración. La conclusión de Ruedas del Desierto es que a Torreón no le falta planeación, le falta acción, inversión y continuidad.
Esa falta de continuidad se refleja también en el presupuesto. Mientras los sistemas viales Revolución e Independencia-Abastos, pensados para el automóvil, concentraron una inversión de 735 millones de pesos, la ciclovía y calle completa de Matamoros recibió 25 millones. La propuesta ciudadana plantea destinar al menos el 5 por ciento del presupuesto de obras y movilidad a bicicleta y calles completas, un porcentaje similar al que ya opera el programa de calles seguras del Centro Histórico impulsado por IMPLAN, con 82.76 millones de pesos etiquetados para red ciclista y cruces peatonales.
La urgencia no es solo de infraestructura, también es de seguridad. En 2025 se registraron 121 accidentes de ciclistas en la zona metropolitana, 68 de ellos en Torreón, 38 en Gómez Palacio, 10 en Lerdo y 5 en Matamoros. Para el colectivo, esa cifra confirma que una ciclovía aislada no construye una red segura, y que la prioridad debe ser conectar a los cuatro municipios con corredores continuos, como el que uniría el bulevar Miguel Alemán en Gómez Palacio con el bulevar Independencia en Torreón.
Ruedas del Desierto llevó al Cabildo cinco compromisos concretos, entre ellos crear un programa anual de mantenimiento para las ciclovías ya construidas, definir una red ciclista prioritaria conectada con los municipios metropolitanos, publicar los proyectos con presupuesto, responsables y fechas de construcción, y armonizar la reglamentación municipal con la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial y con la norma NOM-004-SEDATU-2023. La petición final del colectivo es que estas propuestas dejen de ser una lista de buenas intenciones y se conviertan en un programa municipal con presupuesto, calendario, responsables e indicadores públicos de cumplimiento.





La Dirección de Medio Ambiente de Torreón asistirá este viernes al "Foro sobre Monitoreo de la Calidad del Aire. Sistemas, Tecnologías y Tratamiento de la Información", que se realizará en el Centro de Investigación para el Desarrollo Sustentable de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
El encuentro reunirá a especialistas en monitoreo ambiental de distintos puntos del país, quienes compartirán experiencias y herramientas tecnológicas aplicables al trabajo que realizan los municipios en la materia.
"Queremos escuchar a los especialistas y tomar las herramientas que puedan ayudarnos a enriquecer el trabajo que hacemos en Torreón", señaló Marcelo Sánchez Adame, director de Medio Ambiente, quien añadió que el monitoreo ambiental requiere conocimiento técnico y experiencia, por lo que este tipo de espacios resulta clave para actualizar las estrategias locales frente a los retos ambientales actuales.
Torreón cuenta actualmente con un sistema de monitoreo que permite conocer, en tiempo real, las partículas en suspensión atmosférica en la ciudad, información con la que los ciudadanos pueden tomar decisiones sobre la realización de actividades al aire libre.
Los datos pueden consultarse en la página https://www.torreon.gob.mx/medioambiente/monitoreo/
En la Comarca Lagunera, para el habitante urbano, resultan reconocibles y familiares diversos elementos del medio natural, por una parte el extremo calor que se vive en gran parte del año, el paisaje sepia acompañado de los grises monumentos geológicos calizos que lo rodean las ciudades y los elementos vivos que caracterizan las serranías y valles laguneros. Uno de estos elementos es la biznaga partida, Coryphantha duranguensis.
Se trata de una increíble cactácea cilíndrica que habita entre las filosas rocas calizas grises y blanquecinas que dan origen a los suelos calizos de la región. Crecen en grupos de varias decenas de individuos, tan altos como un vaso de cocina o una lata de refresco y portando numerosas espinas que envuelven el tallo, protegiéndolo de la radiación solar y del hambre de los animales.
C. duranguensis es un organismo algo quisquilloso para seleccionar donde vivir, además de preferir la vida en grupo, irónicamente habita en donde muchos organismos no podrían hacerlo, aunque así lo quisieran, uno de los sitios con menor precipitación y mayor radiación del país. Un hábitat que, aunque pareciera que quita más de lo que da, tiene lo necesario para que esté impetuoso cactus se desarrollará desde hace varios millones de años.
Su nombre científico tiene origen en su distribución, nombrada así por ser endémica del norte de Durango, aunque en realidad también se encuentra en el estado de Coahuila. Sus hermosos arreglos de espinas (areolas) nos recuerdan a las típicas representaciones gráficas de las estrellas; 6 a 15 espinas blancas que crecen de forma radial y una espina más larga que crece en el centro de todas. }

Aun así, como bien se sabe en el caso de los cactus, su floración es un fenómeno muy emocionante que los laguneros podemos disfrutar en pocas ocasiones, generalmente durante el verano. Se trata de una pequeña flor amarilla que crece en el centro de la planta, entre la abundante lana blanquecina que protege el ápice de la intensa radiación, y que atrae a una gran diversidad de visitantes que acuden a sus nectarios y dispersan el polen entre las flores de los individuos más cercanos.
Está ha desarrollado una asombrosa simetría en el crecimiento de sus tubérculos y areolas. Los tubérculos son prominencias que salen alrededor del tallo de la planta y que en la punta generan una estructura llamada areola de la cual emergen las espinas, estas estructuras también son desarrolladas por otros grupos de cactos, los más populares son las Mammillarias, pero a diferencia de estas las Coryphantas desarrollan un evidente surco en la parte central, desde la areola hasta la base del tubérculos, rasgo que probablemente da inspiración a su nombre común o vernácula, “Biznaga partida”.
Esta interesante e increíble planta es considerada una especie fuertemente afectada por las actividades humanas. Por ello, la normatividad mexicana de protección de vida silvestre la reconoce como una especie protegida, aunque en la cotidianidad sus poblaciones se ven cada vez más afectadas por el crecimiento de la mancha urbana lagunera y el desmonte para obras públicas y privadas.
A pesar de esto, su conservación como parte esencial del paisaje local sigue siendo un tema poco visible, cuando en realidad debería importarnos mucho más. Al final, si queremos convivir con la historia viva del norte de México, también debemos aprender a cuidar a los habitantes más antiguos del desierto: su flora y fauna silvestres.
M.C. Mixael Erasmo Martinez Fores
Asociación Lagunera de Cactología