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Alma del Carmen Esteban Ávalos: Conquistando un sueño

“No te imaginas hasta dónde puedes llegar cuando deseas algo”, afirma durante esta entrevista realizada en La Laguna, su tierra que visitó para ofrecer una serie de conferencias.

Foto de Alma del Carmen Esteban Ávalos
Por Héctor Esparza

Es originaria de Gómez Palacio, Durango, donde estudió, trabajó y soñó. Un buen día se topó con una montaña en el territorio del Cañón de Fernández. La escaló sin temor junto con un grupo de chicos aficionados a la escalada en roca, desde ese momento se enganchó con esta práctica de tal forma que todas sus actividades posteriores estuvieron enfocadas en continuar para profesionalizarse en este deporte, lo consiguió en las blancas montañas de Francia, en Europa. 

“Yo soy ciento por ciento lagunera, fronteriza, nací en la frontera de Gómez Palacio y Lerdo, en 1988”, lo dice sonriendo la joven escaladora Alma del Carmen Esteban Ávalos. Estudió primaria en la escuela 18 de Marzo y en el Instituto Francés de la Laguna. En la universidad ingresó al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, estudió inglés y demás cursos de tal forma que no tenía mucho tiempo para distraerse. “Desde que estudié tuve la idea de promover el comercio justo, por esta razón elegí la carrera de Comercio Internacional, y una gran maestra me introdujo en el comercio rural, ella es Ana Olga Rodríguez Betancourt que fue una gran inspiración para mi; me invitó a un proyecto de desarrollo social en la Sierra de Jimulco y yo quería hacer un proyecto de comercio junto con los habitantes de aquella región”.

Alma se interesó por el comercio justo porque conoció las condiciones de vida de los habitantes de la sierra, los viajes que llegó a tener como misionera -puesto que en el Instituto Francés se desarrolla esta práctica humanitaria- le brindaron la posibilidad de pensar en proyectos solidarios, y también le pusieron en contacto con la montaña.

“Me concentré dando talleres a las señoras, para que hicieran manualidades, me ha gustado la expresión creativa, les enseñé a hacer alebrijes con papel maché. Quería aportar algo, también me llamó la atención la parte internacional, por eso comencé a pensar en cómo poder llevar los productos de estas señoras al extranjero, por eso me interesé también en el comercio internacional”.

En sus viajes observó la montaña, los relices, las cimas y volteó al cielo.

“No te imaginas hasta dónde puedes llegar cuando deseas algo”, afirma durante esta entrevista realizada en La Laguna, su tierra que visitó para ofrecer una serie de conferencias.

Nudo en ocho

“Lo que pasó conmigo es que comencé a ver las montañas de Durango y quise ir más lejos. Esa curiosidad estoy segura que salió de las películas, porque las veía y decía ¡wow eso se ve increíble! y me encantaría hacer eso (escalada), pero seguro que no existe en México y mucho menos en La Laguna, es algo de gringos, yo pensaba”.

Pero descubrió que en su tierra había un grupo de escaladores aficionados con un desarrollo suficiente para trepar las montañas locales.

“Mi tío era parte de aquel grupo, pero en casa lo tenía súper prohibido porque pensaban que me iba a matar, así lo veían también en las películas y como me conocen que me gusta aventarme a todo...” vuelve a reír Alma del Carmen.

La joven escaladora es esbelta y de mediana estatura, sus dedos son gruesos y fuertes como los de un campesino, sus uñas cortas y su sonrisa abierta y franca. Es evidente que la felicidad la escala a ella.

“Hubo mucho tiempo en que mis padres no sabían bien a bien lo que hacía, porque aparte de estudiar en el Tec trabajaba en un restaurante en Torreón, trabajaba de mesera y como tenía muchos gastos agarraba muchos turnos para ganar la propina”. Desde Lerdo, viajaba al Tec y luego al restaurante, y después a entrenar “y si se me olvidaba algo regresaba a casa. Entonces como tenía muchas actividades no se daban cuenta dónde andaba. Con mi tío nunca pude escalar porque lo tenía prohibido, pero veía este gimnasio, el Rock Sport, y no tenía idea de lo que era, pero tenían un poster de alguien escalando, y veía las montañitas y me asomé. Fueron súper amables, luego luego me integraron y me dijeron: no mira el primer día es de prueba, es gratis; ignoré todos los demás recursos que tenía el gimnasio y me fui directo al muro, alguien me puso un arnés, me subí y cuando iba subiendo los antebrazos se me fueron inflamando y cansando y no sabía de lo que se trataba pero seguí subiendo hasta que me solté porque ya no podía más, me caí y me dio una emoción que dije, ¡wow, esto está increíble, me encanta y quiero seguir haciendo esto por siempre!”

Cuando se bajó se inscribió de inmediato, aunque su letra no era legible porque tenía los brazos extenuados. “Después de eso comencé el grupo Nudo Ocho, que se trató de un club compuesto por jóvenes que nada sabían de la escalada. “No me importó, yo lo que quería era ir a la roca”.

La convocatoria comenzó pegando fotografías de escalada en el interior de su escuela, “fueron las más padres que me encontré en Google. Y le ponía: ¿Quieres aprender escalada? Ven al salón 404 el miércoles a las 4 (mira hasta se me quedó grabada la hora), y el salón se llenó totalmente y cuando estaba allí los tenía a todos enfrente y les dije: Hola a todos, bueno, primero que nada yo tampoco sé escalar, no sé nada”...

Por supuesto que el grupo se le quedó viendo fijamente, totalmente serio, “fue peor porque no hubo reacción. Pensé que se iban a reír con eso y que estaríamos más en calma pero no fue así”.

Les informó sobre un club en el Tec de Monterrey, les comentó sobre el gimnasio al que fue, y eso les motivo a organizar venta de hamburguesas para comprar equipo y pagar el gimnasio.

“Un día Gustavo Rodríguez Mattar -de los fundadores de Rock Sport- vio a mucha gente en el muro y se acercó a preguntarme. Yo no sabía que era el dueño y se ofreció a llevarnos a Potrero en Nuevo León para escalar, y de inmediato formamos una comunidad, fue así que con esa invitación supimos que sería posible”.

Aprendieron a hacer nudos, compraron equipo, incrementaron sus salidas a la presa y al cerrar el semestre lograron viajar a Potrero.

Todas sus decisiones, desde entonces, incluyeron la escalada. “Y aquellos proyectos de comercio justo y de exportación, tienen que ser en sitios donde pueda escalar; yo ya no puedo parar”.

La cima de Francia

En su universidad se enteró del programa de intercambios, lo tomó porque conocía del profesionalismo de los franceses por la escalada en roca, por eso se apuntó en este viaje donde también se llevó algunos proyectos de comercio justo bajo el brazo.

Aunque: “Ya no pude parar, quería conocer otros lugares, otros países y esto me llevó hasta donde estoy ahorita a hacer una formación de guía de escalada en Francia, lo cual es como ir a una universidad, estudiar para ser guía, es muy selectivo, es muy difícil entrar ahí porque hay muy pocos lugares y el nivel es muy exigente”. 

Tiene que pasar diversas pruebas para ser guía, “es un honor estar ahí, a mi me gusta decirlo porque estoy segura que no ha habido alguna mexicana ni mexicano que haya hecho esto en Francia y mucho menos un lagunero, entonces para mi es un honor representar a La Laguna en esto”.

Alma Esteba vive en un pueblo de siete habitantes en las faldas de la montaña más alta del sur de Francia. “En este pueblito no pasa nada, nadie lo ubica, pero lo que sí hay son unas paredes para la escalada en roca, pero muy difíciles, están inclinadas en contra, vas escalando de cabeza y eso la convirtió en una de las zonas de escalada más famosas del mundo”.

Gente de todo mundo visita este lugar para escalar, y se van en camionetas donde pueden dormir o montan casas de campaña para estar ahí y poder escalar.

Es escalada de alto nivel lo que se practica allá. “Me invitaron a un proyecto de desarrollo local para poner bicicletas gratis para que la gente no tuviera que hacer trayectos cortos en su camioneta desde la zona de campamento hasta la zona donde comienzan a caminar para subir a la montaña, así evitábamos que 50 camionetas manejaran durante la mañana en un trayecto de dos kilómetros si les dábamos bicis gratis y aparte a los escaladores les gusta hacer ejercicio”.

También descubrió una casa muy bonita que restauró un holandés y que ella cuida.

“Mi vida cotidiana es como si constantemente viajara en el tiempo: en verano vivo en una yurta -que es como una casa de campaña mongola- a un lado del río, es decir, vivo gran parte del año en la naturaleza, y en el invierno me mudo a uno de los departamentos que se acondicionaron para que no tenga frío; nos calentamos con estufas de leña, vivo en un lugar muy natural y cosmopolita porque llega mucha gente de todas partes del mundo, menos mexicanos”.

De la montaña al escenario

Alma participó en un filme que resaltó a las escaladoras mexicanas, la película participó en el Festival de Cine de Montaña, la producción llegó a Europa y allí la contactaron “para hacer las presentaciones de la película. Además me preguntaron si podía ofrecer entrevistas sobre mi trayectoria y la escalada, me presenté en diferentes foros de Francia, entre los más importantes”, acudió a los teatros más importantes con llenos a reventar “pero no había tenido la oportunidad de presentar estas pláticas con gente de Torreón.

Es cuando entra a escena Karla Aguilera Vela, directora de la casa de producción Fénix y amiga de Alma desde la juventud.

A pesar de que se distanció de Alma por un tiempo, volvió a encontrarse con ella para organizar un ciclo de conferencias en la región que vio nacer a las dos mujeres emprendedoras.

Producción de artes escénicas fue la licenciatura que estudió Karla en la Ciudad de México, “me enamoré de la carrera, quiero producir, entonces ya lo tenía muy claro”.

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Entre las producciones que ha organizado es el ciclo de conferencias en las cuales Alma comparte su experiencia en las alturas.

“No hay reto suficientemente grande para Karla”, valora Alma, su amiga, quien en una semana organizó las conferencias en la Comarca Lagunera.

“En la escalada hay diferentes rutas o caminos que puedes subir y cada uno tiene su dificultad y su historia. También tiene su dificultad mental, las grietas pueden estar muy alejadas y eso da mucho miedo, entonces cuando estoy frente a una ruta tengo una conexión diferente con cada una de ellas. Si pudiera resumir lo que generalmente pienso cuando estoy frente a la pared de la montaña justo antes de escalar, es: ¿qué tuvo que pasar para que estuviera yo aquí justo en esta ruta? Tuve que salir del país, terminé renunciando a muchos trabajos, hubo un tiempo en que estuve viviendo en mi coche con muy pocos recursos, ahora vivo en una yurta mongolesa, tuve que comprar equipo, tuve que hacer en realidad mucho esfuerzo para llegar a este instante -porque a veces se nos olvida- entonces al ponerle esa intención, sé que va a haber un momento cuando esté escalando que esté fuera de mi zona de confort. La naturaleza da diferentes posibilidades y hay puntos donde no todo lo controlas, donde sientes que estás llevando tu vida y tu físico al límite y que de verdad va a ser imposible, mi mente me dice que no vas a poder, mis músculos están cediendo, mis dedos me están doliendo, se empiezan a abrir y sientes dolor, el cuerpo no da más pero de alguna manera el cuerpo logra sacar un poco de energía, buscas escusas para no seguir, y piensas que habrá una segunda oportunidad, pero en realidad no hay tantas oportunidades, si la desaprovechas es desaprovechar una oportunidad gigante de crecimiento, por eso cuando estás ahí tienes que pensar en que no vas a dejar pasar esta oportunidad; sí piensas en el miedo, en el cansancio, pero daré lo mejor de mi, estaré consiente que daré lo mejor, y si no me sale no importa porque di lo mejor, y voy a tener como recompensa, si no lo logro, la sensación de la caída que me va a despertar de ese momento de trance en el que estaba y habrá valido la pena. Pero si no lo intento, estaré arrepentido por mucho tiempo”.

Alma sigue en Francia, por internet compartió las fotografías que ilustran esta entrevista, y su voz continúa en el disco duro de la computadora, con la misma frescura de aquel momento de la entrevista donde compartió la proeza de conquistar un sueño.

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