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Agua para la paz

Un capítulo de conflicto por el agua en la Comarca Lagunera “El agua puede crear paz o desencadenar conflictos. Cuando el agua escasea o está contaminada, o cuando las personas tienen un acceso desigual o nulo, pueden aumentar las tensiones entre comunidades y países”, la aseveración es de la Organización de las Naciones Unidas en […]

Agua para la paz voces nómadas
Por Héctor Esparza

Un capítulo de conflicto por el agua en la Comarca Lagunera

“El agua puede crear paz o desencadenar conflictos. Cuando el agua escasea o está contaminada, o cuando las personas tienen un acceso desigual o nulo, pueden aumentar las tensiones entre comunidades y países”, la aseveración es de la Organización de las Naciones Unidas en el marco del Día Mundial del Agua a conmemorarse este 22 de marzo. Para confirmarlo, basta con echar un vistazo a la historia de la Comarca Lagunera, en la cual existen pasajes de conflictos armados motivados por la posesión del agua de los ríos Nazas y Aguanaval.

“El agua era el recurso más importante de la región, y la competencia intrarregional para obtener el escaso líquido –que provenía del río Nazas y, en menor medida, del Aguanaval- obligaba a los hacendados a organizarse en grupos que representaran los intereses de sus respectivas zonas”, escribe el historiador William K. Meyers en su libro Forja del Progreso, Crisol de la Revuelta. Los orígenes de la Revolución Mexicana en la Comarca Lagunera 1880-1911.

Matamoros, Coahuila, es una población protagonista en la lucha por el agua de los ríos locales, fue la primera colonia agrícola que nació independiente de las grandes haciendas del siglo XIX, las cuales poseían los derechos del agua de los ríos.

“En el marco de la batalla por controlar a La Laguna, entablada entre los capitales extranjeros, Coahuila y el gobierno federal, se volvieron realidad las más terribles pesadillas de los terratenientes. En 1830, aprovechando la confusión sobre la propiedad y la falta de administración, algunos colonos sin tierras comenzaron a explotar una pequeña área entre el Nazas y el Aguanaval, utilizando agua de ambos ríos. Dieron a su población el nombre de Matamoros y solicitaron al gobierno federal que les concediera derechos sobre el agua y la tierra circundante”, refiere el historiador.

La Comarca Lagunera es la única región en el país que posee dos ríos que desembocaban en lagunas interiores, son el Nazas y el Aguanaval. Son ríos intermitentes que propiciaron la vida en este territorio desde la época prehispánica.

Con la llegada de los españoles comenzaron a levantarse represas y a controlar la posesión de sus aguas para destinarlas a la agricultura.

“Felipe II, rey de España, tenía tan poco interés por la región que, en 1589, cedió gran parte de ella a don Francisco de Urdiñola, un leal conquistador. Se iniciaba así la era de enormes latifundios”.

Las propiedades de Urdiñola formaron parte del marquesado de Aguayo en siglo XVII, el mayor latifundio de la Nueva España, se contabilizaron más de 14 millones de hectáreas y “entre 1717 y 1760, el marquesado de Aguayo adquirió el resto de las tierras de La Laguna”; para sus actividades ganaderas requerían agua, la cual poseyeron sin importar marginar a las poblaciones originarias.

Es hasta el momento de la Independencia cuando comenzó a tenerse mayor interés sobre la frontera norte y como el marquesado era fiel a la Corona española, fueron “despojados” de sus propiedades, aunque la posesión de la tierra ahora quedó en manos de ingleses, específicamente de la sociedad empresarial Baring Brother, la cual, apoyada por el entonces gobierno federal, fraccionó las tierras y poseyó el agua.

En este momento de turbulencia, es cuando nace Matamoros. “Los habitantes de Matamoros recibieron sus tierras como una recompensa por oponerse a los franceses y a un terrateniente español que apoyó la Intervención Francesa. Sus tierras habían pertenecido a Zuloaga, un español. Los asentamientos libres de La Laguna simbolizaban no solo la resistencia contra grandes terratenientes, sino también la larga lucha de los mexicanos contra el dominio extranjero”, escribe Meyers.

Matamoros, “permaneció como una comunidad de pequeños terratenientes que para cultivar tenazmente sus predios de dieciséis hectáreas estaban a merced del impredecible caudal de agua del Nazas y el Aguanaval (…) Todo cambió con la fundación de Torreón, la llegada del ferrocarril y la expansión agrícola en las zonas altas y media del río. Las nuevas haciendas a lo largo del Nazas absorbieron el agua de la que dependía Matamoros. El régimen de Díaz apoyó el desarrollo de Torreón y rechazó las protestas de los agricultores y comerciantes de Matamoros (…) A pesar de que los matamorenses se resignaron a estar bajo el dominio comercial y financiero de Torreón, se mantuvieron inconformes con la apropiación del agua de la parte alta y media del río Nazas que les había otorgado el presidente Juárez, y que los obligaba a depender únicamente del irregular flujo del Aguanaval”.

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El libro de Meyers es un referente sobre los conflictos que se han tenido por el control del agua, como se señala en el siguiente párrafo: “El crecimiento de los pueblos añadió un nuevo elemento a las rivalidades intrarregionales. No todos festejaban la expansión agrícola y el crecimiento de la actividad comercial en el área ribereña superior. La expansión de Lerdo, la construcción de presas, el establecimiento de nuevas propiedades y el creciente número de arrendatarios y aparceros era motivo de preocupación para los pobladores de la parte baja del río. Las primeras y más resonadas protestas vinieron de los colonos de Matamoros y San Pedro, se quejaban de que la expansión de cultivos en la parte alta amenazaba sus derechos sobre el agua y su existencia económica. Por lo tanto, además de los múltiples conflictos entre los propietarios de las distintas zonas del río, como entre los terratenientes grandes contra los pequeños, las empresas comerciales y de bienes raíces en Lerdo, Matamoros y San Pedro, competían para ver cuál ciudad se volvería el centro comercial de toda la región”.

A la fecha, la concentración del agua en La Laguna sigue en pocas manos, la diferencia con el pasado es que amainó el espíritu subversivo para hacer valer el derecho humano de acceso libre a agua de calidad. Aunque no está exenta la posibilidad de nuevos conflictos, si no se toma en cuenta el llamado de la ONU: “es necesario que todos nos unamos en torno al agua y la utilicemos en favor de la paz, sentando las bases para un futuro más estable y próspero”.

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